Carlos García Revenga
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21 de abril de 2016

Diario Nóos: Este muerto está muy vivo

En Palma sigue el festival. A veces parece que han tocado ya los cabezas de cartel, que ahora solamente queda paja antes del gran cierre. Pues no. Camuflado en la actualidad política y corrupta del día se cuelan unos cuantos temazos imprescindibles para recordarnos que todo, lo más importante, está por decidir.

Lo de este miércoles han sido muchos fuegos artificiales y jugadas agazapadas tras el humo. Para variar ha sido el abogado de Torres, el incombustible, el imprevisible, el explosivo Manuel González Peeters, quien ha tomado la iniciativa. Quería dar el golpe un día en que, sabía, la sala de vistas tenía la atención de los medios con la presencia del Secretario de las Infantas. Ha pedido "plantear una cuestión referida a una expulsión de Manos Limpias" como parte en el juicio. Ni terminar la frase. La jueza Samantha Romero ha enseñado pronto la primera carta. A González Peeters no le pasa una. "Lo trataremos al final de la sesión", y punto.
El runrún estaba ahí, en las calles, pero sobre todo en las redacciones. Mientras la vida pasaba en la sala, con sus preguntas y sus respuestas, fuera se armaba la marimorena. No hay precedentes judiciales ante una petición de ese tipo, así que el abanico de posibles consecuencias se abría a medida que se consultaba con expertos. Uno de ellos me confesaba sorprendido "esto no es usual ni lógico" y me recordaba que es imposible que se expulse a Manos Limpias del 'juicio Infanta' sin que se disuelva antes la organización como tal o se declare ilegal.  
Hecha la petición, se levantaron las cartas. Las defensas presentes se adhieren a la iniciativa del abogado de Diego Torres a excepción de la de la Infanta. ¿Qué sentido tiene que se queden al margen cuando han intentado hasta la saciedad que se deslegitime a Manos Limpias como acusación antes y durante el juicio?. De cara a la galería y parafraseando a la magistrada Romero, porque estamos ante una "investigación embrionaria". De puertas adentro, se reservan hacerlo cuando desde Madrid se de la puntilla al pseudosindicato. Otros abanderan una lucha que ellos llevan haciendo, sobre todo en la sombra, desde hace meses y quedan con sus manos limpias ante aquellos que les acusarían de querer ventilarse a los únicos que quieren ver a la Infanta en el banquillo.
La juez, a la frase y media de alegación de González Peeters, saltó deseosa de resucitar al muerto y decir lo que, parecía, llevaba desde las nueve de la mañana queriendo soltar acerca de la 'Operación Nelson' y su relación con Nóos: "No tenemos una sentencia firme contra nadie y la presunción de inocencia lo es para todos", además de lanzar puyas como "parece más importante lo que pasa fuera de la sala y eso no se puede tolerar" o el toctoc a Madrid: "este Tribunal no ha sido informado de nada" respecto de "esta investigación embrionaria de la que no tienen conocimiento ni se le ha dado traslado". Ahí iba el toctoc a Madrid. Otro hachazo fue para empequeñecer la petición de Peeters "por acotar, usted postula la expulsión de una parte, en base a una investigación embrionaria (sí, otra vez) y un auto con indicios", a lo que Peeters contestó calmado pero rápido recordando "hay dos personas en prisión".


Pero si hay reacciones destacables, son las de la bancada de las acusaciones. El Fiscal Horrach pidió tiempo pero, ante todo, información. No sólo la referida al Caso Palma, al presunto intento de chantaje para exculpar a la Infanta, sino (y esto es lo que más me llama la atención por las consecuencias que pueda tener) aquella información que aporte el juzgado de Pedraz sobre las cuentas de Manos Limpias y su financiación. 
Por otro lado, la Agencia Tributaria. No se adhiere a la iniciativa de González Peeters, pero cuando la letrada Mercedes Ripoll intentó elaborar su argumento, la jueza se lanzó a su yugular y se enzarzaron en una discusión desigual, en la que la Samantha Romero acusó a la abogada del Estado de "falta de rigor". De ahí para arriba. 
Y por último, de la bancada acusatoria, había que escuchar a Virginia López-Negrete que en sala, sin embargo, ha defendido la legitimidad de Manos Limpias, ha recordado que no está imputada y que ella va a seguir porque puede. Fuera, por cierto, ha dejado caer la bombita. Piensa en la posibilidad de quejarse a los superiores del Fiscal Horrach porque este, dice, le llamó chantajista y extorsionadora. El incidente, que ocurrió el martes por la tarde durante un receso, ha querido ser aireado, entre otros, por la letrada que reclama ahora la empatía y apoyo del Fiscal Superior de Baleares, Bartomeu Barceló. El 'día D' ya imploraba casi el auxilio del Tribunal, ausente durante la trifulca. "¡Que salgan las magistradas!", pedía una ofendida López-Negrete. Esto último no funcionó, pero sí consiguió volver a dejar a Pedro Horrach 'a los pies de los caballos' ante la opinión pública que compra la tesis de que ha mutado de fiscal a abogado defensor.

Las magistradas dijeron que decidirían sobre ello. La respuesta probablemente la tengamos hoy pero, así las cosas, parece claro por dónde van a ir los tiros.


 García Revenga, el rechazado 

Y a todo esto, el secretario de las Infantas en la sala de vistas declarando que en la Casa de Su Majestad el Rey, también se cuecen habas.  Hasta el punto de que "le puenteaban". Alberto Aza, sin ir más lejos, Jefe entonces de la Casa.
García Revenga ha empezado plano, pero ha dejado algunas subidas de montaña interesantes. Como que no se reportaba a la Casa Real de los movimientos del Instituto Nóos, como en su momento aseguraron Iñaki Urdangarin y Diego Torres. A preguntas de Mario Pascual Vives, que antes, viendo por dónde iban los tiros (tal vez sorprendido), había pedido un receso "para poner en orden mis ideas", García Revenga, como mucho, solamente llegó a reconocer que Urdangarin "algún comentario haría" a la Casa Real sobre sus actividades empresariales.
¿Qué hacía? pues, entre otras cosas, recopilar datos para hacer la declaración de la Renta de la Infanta Cristina (que luego enviaba a Federico Rubio). No la de Urdangarin, con quien sí hizo este proceso en el primer año del matrimonio. La de Urdangarin la remitiría, directamente, "su asesor fiscal", es decir Miguel Tejeiro.
El testimonio de García Revenga ha sido el de alguien leal a sus Infantas, pero que no ha querido en su declaración casarse con nadie. En su momento ya hizo todos los favores que le pidieron sin un mal gesto, como el de convertirse en Secretario del Instituto Nóos para evitar "que se pusiese" a la Infanta Cristina en un puesto relevante.
Revenga, el secretario fiel al que han pagado desde Casa Real con la más absoluta de las indiferencias.



19 de abril de 2016

Diario Nóos: Donde dije digo, digo Nelson.

Si este caso y este juicio tienen un color, es uno muy turbio. El marrón oscuro casi mierda. De esa que no sale ni con arielita. Ni frotando antes. Y como todo en esta vida, la mierda sale a flote. Más tarde que temprano, aunque demasiado pronto para la acusación popular de Manos Limpias. Porque sí, Manos Limpias está personada en esta causa, mal que le pese a Virginia López-Negrete, la aguerrida letrada que ahora reniega de su cliente como los tres portazos evangélicos de Pedro. 
López-Negrete lo niega todo pero lo cierto es que cada día que pasa desde el viernes maldito (o bendito, según se mire) sus tacones suenan cada vez más lejanos. Ya no hay conversaciones distendidas al lado de la máquina de café, ni ganas de conexiones en directo por doquier. La letrada prefiere refugiarse en su burbuja y, en todo caso, los platós-territorios amigos. Eso sí, no hay que negarle que a su llegada a la EPAB atienda a la prensa, aunque ya haya preguntas que no le hagan tanta gracia y le salga la vena del norte. Fría y cortante. 

Los testigos de hoy eran lo de menos (con todos los respetos) y miren que mañana se presenta interesante el día con Carlos García Revenga, secretario de las Infantas, sentado frente al tribunal. Se espera que respalde a Cristina de Borbón e Iñaki Urdangarin y deje caer algún rejonazo sobre la Casa Real que le ha dado la espalda y que le sacrificó desde el minuto uno. 
De todo eso hablaremos mañana, pero hoy lo que se cuece está en otro sitio. Está en un bufete de abogados con solera en Barcelona, está sobre la mesa en la Audiencia Nacional del juez Pedraz, en Madrid. Está entre rejas, en Soto del Real y, por encima de todos, está en el lugar donde se asienta la inquietud de Virginia López-Negrete. A ratos en el banco de la esquina, en la tercera fila de las acusaciones; a ratos en un apartamento frente al paseo marítimo de Palma. Apartamento prestado, como ella en el juicio ahora.

Todo el mundo le pregunta y ella juega al despiste. Tal vez porque no lo ha decidido siquiera, o tal vez forma parte de una estrategia ya pensada y asesorada. El caso es que, hoy día, a la Infanta no le quita nadie del banquillo salvo que ocurran dos cosas: que se disuelva Manos Limpias por orden judicial (poco probable) o que Virginia López-Negrete (o el letrado que la sustituyese, si eso ocurriera) decidan retirar la acusación. Aquí está la clave:  en qué demonios tiene pensado hacer Virginia López-Negrete. 

La letrada se debate entre su deseo-ego-obsesión desde hace cuatro años y la supervivencia. En el primer escenario, tendría que aguantar hasta el final. Cierto es que apenas faltan dos meses de juicio, pero es consciente de que las presiones, ahora más que nunca, van a ser insoportables. Si hay algo reprochable hacia su persona y si la 'operación Nelson' le salpica de alguna manera, pueden estar seguros de que va a salir de aquí a junio. Tanto eso como los rumores acerca de que ha quitado la imputación a Miguel Tejeiro a cambio de dinero. En un comunicado, por supuesto, descartó esta última maniobra que justificó en base a su "estrategia procesal", anunció medidas legales contra aquellos que apuntaran en esa dirección y se cuidó mucho de definir su actuación antes, ahora y en el futuro como "impecable, legal y profesional hasta el final".
Pero ¿qué final?. El otro escenario posible, el de la renuncia a la acusación, no parece tan improbable y prueba de ello es que la letrada deja abierta una rendija de esa puerta a algunos periodistas que, sabe, no van a guardar el off the record. En este segundo escenario, Virginia López-Negrete perdería el caso de su vida a cambio de su vida, de salvar los muebles. De no menear la mierda que huele peligrosamente próxima. Quedaría como una mártir que renuncia en pro de un sindicato que ha jugado con ella y con los españoles, con la justicia. Ganaría ella y ganaría la Infanta. Su defensa tendría lo que quiere, a su cliente fuera de sentencia. Y aquí paz y después, gloria.

En estos días en los que una se pone a rastrear hemeroteca como loca, se encuentran joyas y malas bromas del destino. Como ese artículo de hace dos años y medio en el que Virginia López-Negrete posa para la foto con un Miguel Bernad que muestra sus manos, dice, limpias. En la foto ella tiene una sonrisa forzada, de sí pero no. El artículo de El Mundo, para regocijo del amante de las casualidades, lleva la firma de Javier Castro Villacañas. El mismo Javier Castro que, a la postre, sería el director de Comunicación de Manos Limpias, ahora en libertad pero después de haber sido detenido en esta 'operación Nelson'. 


Foto tomada por J.Castro Villacañas en enero 2014


El Destino vence al más fuerte. Suena 'O Fortuna' mientras escribo esta entrada. Casualidades.





11 de marzo de 2016

Diario Nóos. Blancas mueven.

Al maestro ruso Khismatullin le tocaba mover. Blancas. No estaba en muy buena posición, con un mate del ucraniano Eljanov pendiendo sobre la corona de su rey, pero entonces hizo lo que ni las máquinas de ajedrez supieron prever. En su 44º movimiento, sacrificó a su torre blanca, moviendo su Rey a segunda línea. La dama blanca se volvió más poderosa que ninguno a medida que al Rey negro se metía en el infierno del jaque continuo. Eterno. "44.Rg1!!". Jugada maestra.
Ayer, Manuel González Peeters tiró de táctica y estrategia. Apuró hasta el momento en que Miguel Tejeiro, "el señalado", empezó a hablar más de la cuenta. Acababa de empezar y se le veía con ganas, tantas que volvió a salir de sus labios la palabra NAMASTE. El saludo yogi, estos días tan de moda, fue el momento elegido para que el letrado de Diego Torres dejara caer su torre blanca, en pro de aniquilar el rey negro. Le recordó a la jueza que Miguel Tejeiro, como abogado, se debía a su secreto profesional y que, por tanto, no podía declarar. Jaque.
Miguel Tejeiro era la pieza clave de la acusación de Manos Limpias. Le levantó del banquillo. Los exsocios pactaron echarle el muerto. Pacto de caballeros, si puede llamarse así. Miguel, el hermano aparentemene más resuelto de todos, no iba a cargar con ello. No gratis. De él estaba previsto que salieran sapos y culebras contra Urdangarin, Torres y, con suerte para Virginia López Negrete, contra la Infanta (insiste la letrada en la teoría de la ignorancia deliberada).
Peeters movió y el Tribunal, sobrepasado, se retiró a deliberar y a consultar con el Colegio de Abogados de Barcelona. La sala de vistas empezó a hervir. Acusaciones por un lado, ojipláticas, y defensas por otro, socarronas. Lo habían cocinado los dueños de esas togas. En esos minutos eternos de receso forzoso, entre las acusaciones primaron las llamadas a colegas de bufete, se rebuscaba entre papeles y, en los teléfonos y ordenadores, artículos de derecho procesal. Jurisprudencia, parecían implorar. Descomposición. Ni los fiscales se olieron la tostada, pero sí la mala fe con la que le echarán en cara a Manuel González Peeters su jugada maestra por tener a Miguel Tejeiro hasta este último momento en ascuas, maquinando en la sombra la caída de su corona.

"Siempre fue una asociación CON ánimo de lucro"
En un principio, podríamos pensar, no funcionó. Al fin y al cabo, las juezas decidieron seguir adelante pero recordándole al testigo que sólo podría declarar "asuntos relacionados con lo patrimonial" como asesor fiscal, dejando a un lado el secreto profesional. ¿Qué límite es ese? Probablemente ni las propias magistradas lo sabían. A lo largo del interrogatorio, Miguel Tejeiro pidió en tres ocasiones ayuda al Tribunal. "Agradecería, por favor, que me dijeran qué puedo y no puedo contestar". Estaba perdido, como todos. Pero Samantha Romero, la magistrada puntillosa hasta el extremo en la formulación de preguntas, le dejó abandonado a su suerte. "Usted sabrá" (porque yo no, pareció transmitir). Y contestó, pero agobiado y coartado en la respuesta. Acogiéndose al secreto profesional en preguntas cruciales como "¿Le pidió Iñaki Urdangarin que le crease una sociedad en el extranjero para poder operar?", que inquirió Horrach. "No puedo contestar", dijo con impotencia Miguel Tejeiro. Desesperación en la acusación, regocijo en la defensa y cabreo en el Tribunal.
A pesar de que lo más jugoso quedó en el terreno del silencio, Tejeiro dejó caer algunos peones. A saber, que Urdangarin y Torres operaban al mismo nivel y venían aprendidos de casa. Urdangarin, de hecho, ya facturaba a través de una sociedad, Namaste, en lugar de hacerlo como persona física. Y así quiso seguir haciéndolo constituyendo Aizoon (y dejando fuera del juego a sus hijos mayores). Tan aprendidos estaban que Tejeiro espetó un "estoy indignado" al ver cómo los dos socios echaban balones fuera sobre los asesores externos. "Los dos -continuó Tejeiro- gestionaban el Instituto Nóos" y, a su vez, por separado, cada uno gestionaba sus sociedades. Definió, como pocos, qué era el Instituto Nóos: "siempre dije que era una asociación con ánimo de lucro".
Más peones. No hubo una supervisión de la Casa Real en las cuentas de Urdangarin y Torres - "nunca hablé con Carlos García Revenga ni con  Federico Rubio"-, pero tampoco se usó a la Infanta Cristina como escudo fiscal. O él no lo propuso, desde luego. Eso afirmó, al tiempo que relató tres encuentros con la hermana del Rey en una notaría de Barcelona.

Han pasado unas horas. La declaración se retoma en apenas 120 minutos y sus señorías han tenido tiempo de revisar el código y replantear estrategias. De lo que les haya dado de sí esta noche dependerá que caiga, definitivamente, el Rey negro o que las blancas pierdan la partida.

10 de marzo de 2016

Diario Nóos. Los Tejeiro golpean dos veces

Si yo les digo que el día comenzaba con la declaración de unos extrabajadores de Nóos, después del subidón informativo de la semana pasada, ustedes habrían lanzado un resoplo. Bajón. Pues no. Así, de primeras, quienes precedían a Miguel Tejeiro, 'el señalado', no tenían pinta de complicarle las cosas a la Infanta. Más bien a su marido y a Diego Torres, pero eso tampoco era ninguna sorpresa.
Luis Tejeiro, otro de la estirpe, declaraba por videoconferencia. Personaje peculiar este contable. Llevaba las cuentas de las sociedades a través de la gestoría. Más allá de describir que tanto Diego Torres como Iñaki Urdangarin "buscaban trabajadores ficticios para la amortización libre" (vamos, meter a gente en plantilla para obtener beneficios fiscales, y luego repartírselo entre las sociedades que crearon), no esperábamos nada nuevo. Nos equivocamos. Luis Tejeiro soltó por esa boquita y, en contra de lo declarado por el tándem duque-profesor, quienes instruían sobre cuentas eran estos y no al revés. A ellos se les ocurría el tipo de contratación y cómo pagar a los empleados (o no pagarles, si es que estos eran 'fantasmas'). "Cada uno ya venía aprendido", sentenció.
Luis Tejeiro llegó a afirmar que su cuñado, Diego Torres, "en su afán de controlarlo todo" llevaba la revisión de las cuentas "en una hoja excel" sin que se le escapase detalle, "hasta el céntimo". Por controlar, controlaba hasta los impuestos y las cuentas de Aizoon, según L. Tejeiro.
Torres, fuera de sala, me reconoció que supervisaba los números porque su cuñado y compañía "lo hacían todo mal". Lo de esta familia es un circo en el que vuelan los cuchillos. "La familia política no se elige", me dice apesadumbrado Torres con un chocolate caliente en las manos. Minutos antes, su cuñado Luis había exculpado a su hermana, Ana María Tejeiro: "la pobre ni pincha ni corta. Y hace lo que hace, lo que aguanta".
Sin embargo, a pesar de lo que dice Torres, la gestoría Medina-Tejeiro siguió llevando las cuentas de lo que llamaban coloquialmente "Grupo Nóos". No hubo supervisión de Casa Real. Nadie, desde la gestoría externa, envió a Carlos García Revenga o a Federico Rubio copias de las cuentas para que se revisaran. Ni hubo intención siquiera: "nunca se planteó ninguna consulta tributaria". Eso afirma Luis Tejeiro, que apenas sostiene haber "enviado a alguien" documentación relativa a la hipoteca de la Infanta, "por orden de Urdangarin".
Pero la verdadera sorpresa, para regocijo de Manos Limpias, ha tenido que ver con Namaste 97. Era la sociedad que tenía el exduque de Palma donde, como accionistas, figuraban su mujer y sus dos hijos mayores. En esa sociedad, previa al desembarco de Urdangarin en Nóos, estaba dado de alta personal doméstico que, por cierto, luego lo estuvo en Aizoon. Esto, según Manos Limpias, perjudica a la Infanta porque demostraría, por la teoría de la ignorancia deliberada, que la Infanta sabía desde antaño cómo operaba su esposo.
Siguiente golpe del hermano Tejeiro: esos empleados domésticos de Aizoon cobraban en sobres con cheques que se entregaban "a Iñaki Urdangarin". Este lo negó en su declaración, claro, pero la Infanta también (de las pocas cosas que expuso con rotundidad).

Los zascas de Luis Tejeiro han sido tales que ha provocado las risas en la sala durante los recesos. Algunos letrados bromeaban con Diego Torres sobre la 'suerte' que tiene con sus cuñados. El testigo declarante, por su parte, no parecía estar pasándolo especialmente mal. Tan relajado estaba que la presidenta del Tribunal, Samantha Romero, le ha echado la bronca como si de un colegio se tratase "Cállese, señor Tejeiro. Estamos en un juicio". Y Tejeiro agachó las orejas con la media sonrisa de quien sabe que la está liando.

Los 'indios de la pradera'

Entre otros testigos del día, le tocó el turno al experto en comunicación de Nóos. A quien contrataron por su experiencia para llevar el asunto del patrocinio del equipo ciclista Banesto por parte del gobierno balear. Juan Pablo Molinero, antes en PriceWaterhouseCoopers (PwC), describió perfectamente el carajal que suponían las contrataciones de trabajadores en Nóos. Molinero relató cómo escuchó por primera vez el nombre de Aizoon. Fue a través de una compañera, Vanesa Oleart quien, extrañada, le comentó que era esa empresa (y no Nóos Consultoría, donde trabajaba) quien aparecía como pagadora en su nómina. La explicación que encontró Molinero a eso fue también reveladora "estando detrás quien está, será por temas de seguridad".
Pero, sin duda, Juan Pablo Molinero ha descrito la tribu de Nóos donde "había dos jefes y, el resto, trabajábamos. Éramos los indios de la pradera". No había posibilidad de progresar hacia un mando intermedio en Nóos, lo que provocó su salida. Los "curritos", como llegó a decir, "no teníamos capacidad de decisión ni nada". Sólo dos personas controlaban y decidían todo: Diego Torres e Iñaki Urdangarin: "En Nóos no se movía un papel sin que lo supieran los jefes de la empresa".
Les recuerdo que el exduque dijo algo parecido, pero de la Casa Real. Muchos pies para el minueto.
Y eso que todavía no ha salido a la pista de baile Miguel Tejeiro. Cojan asiento.

5 de marzo de 2016

Diario Nóos: La Infanta (des)confiada.


Llegó el día. Un trámite rápido, por favor, parecía pensar. El jueves 3 de marzo se agotaba con la declaración de Salvador Trinxet, que aunque se expresaba casi a la misma velocidad que la letrada de acusación de la Comunidad Valenciana, empezaba a resultar eterno. No porque su discurso no interesara, todo lo contrario, sino porque no había manera de quitarse la sensación de que el hombre de las presuntas sociedades interpuestas, actuaba de telonero.
Rozando las seis, con la sala de vistas más llena que nunca, el nombre de Doña Cristina Federica de Borbón y Grecia resonó, ella tomó aire, agarró el botellín de agua y, con decisión y a grandes pasos, se encaminó al trono de acusados. Para nada porque tampoco era su turno. Cinco minutos de receso. Disculpas del tribunal y a aguantar.
Para eso no había ensayado, para esos cinco minutos (que luego fueron once). Y así se vio a una mujer que se sentía más fuera de lugar que nunca, que no sabía si sentarse en su sitio, quedarse de pie, tras una columna, acercarse a su abogado o ir al excusado. Así que lo hizo todo.
Aún no había consumido el tiempo de descanso cuando ya ocupaba el asiento protagonista. Fue la escenificación total de su vida. Sola. Frente al vacío, su marido en la última fila. Ningún miembro de su familia alentando en la bancada de público, ni esperando fuera, como en las salas de llegadas del aeropuerto. Lo más que vio la Infanta que oliese a familia (y Real) lo tenía colgado en la pared. Tan frío como un marco, la mirada de su hermano Felipe VI, que ha presidido las declaraciones de todos, se perdió en la suya con la misma empatía. La de un marco.
Juntaba los dedos doña Cristina. Tamborileaba con ellos. Cruzaba las piernas y las descruzaba. Bebía agua. Y esperaba, en todos los sentidos.
El Tribunal se disculpó. Había sido un poco cruel pedirle que se sentara para levantarla inmediatamente y ella respondió con educación pero, tan bajo y tan para adentro, que los periodistas ya lamentábamos haber aguardado tantos años este momento para no poder anotar ni cuáles fueron los primeros murmullos de la primera infanta de España que se somete a un juicio.

"Gracias, Señoría, contestaré solamente a mi letrado". No respondió a la única parte que quiso verla ahí sentada, Manos Limpias. Sí lo hicieron sus miradas por ella. Desdén, sobre todo cuando la letrada Virginia López Negrete consignaba preguntas en las que se aludía, por ejemplo, a quienes cuidaban "de lo más preciado que tiene en la vida, como son sus hijos", esos empleados domésticos a los que, presuntamente, le expuso la letrada, habrían pagado con dinero negro. En la sala el resto de acusados y letrados sí murmuraron. Les pareció sucio. Y la jueza empezó a marcar las preguntas a consignar.

"Por la confianza que tenía en mi marido"

El abogado Pau Molins, escoltado por el simbólico Miquel Roca (que no abrió la boca), inició su interrogatorio de defensa. El bufete podría haber preferido hacer uso del derecho a hacer preguntas con respuestas tipo test. Sí, no, no sabe/no contesta. O tres, como González Peeters a Ana María Tejeiro. Pero no. Durante veinte minutos, y en una estrategia inteligente, formularon preguntas de defensa con toques de acusación, o más bien al revés. Y el resultado fue el retrato de una mujer confiada (entonces) y tradicional, si me apuran, casi sacada de un manual de la Sección Femenina: "Era mi marido el que se encargaba de los gastos familiares", luego, a medias con su esposo, ella se se centraba "en el cuidado de mis hijos" y en cuadrarlo con su agenda institucional.
¿Por qué aceptó formar parte al 50% de Aizoon? "Por confianza. Así me lo pidió mi marido y acepté". 
Pero ¿sabía cuál era el objeto de la sociedad? "Yo sólo sabía que canalizaba sus ingresos a través de Aizoon". 
Y, ¿cuál era su papel en la empresa?. Pues ninguno. Ni florero: "No, no tenía firma ni poderes" o sobre su capacidad de mando:"nunca he dado instrucciones a nadie".
O sobre la tarjeta VISA a su nombre:"la custodiaba él (Urdangarin)".
O en lo referido a las cuentas de la empresa: "Nunca he sabido cuáles eran los ingresos y gastos de Aizoon".
Ni siquiera recibía los extractos bancarios. Por negar, negó hasta charlar con su esposo, el mismo que afirmó haber hecho a la Infanta partícipe de Aizoon "por una cuestión de ilusión", sobre cómo iban los negocios. De eso, en determinados estratos sociales, está feo hablar, se ve: "No procedía. No eran temas que me interesase hablar con él. En esos años mis hijos eran muy pequeños y estábamos muy ocupados". Y punto. Y eso que Aizoon y el domicilio eran lo mismo, aunque claro, también hemos conocido en estas declaraciones que, en determinados estratos sociales, las casas son tan amplias que es posible entrar a la oficina de Aizoon en la casa de Pedralbes sin que la parienta se entere ni vea al visitante. Durante años. "Salía muy temprano de casa", justificó la Infanta.

Lo que falló
Los interrogatorios con la defensa se preparan. Es obvio, para eso están. Otra cosa son los nervios y cuando uno intenta justificar lo que tiene difícil explicación. Eso también ocurrió en el interrogatorio de doña Cristina.
Nos quedó claro que había cosas de las que no se ocupaba. El dinero era una de ellas, sin embargo, al ser preguntada por la contratación del servicio doméstico, si se les abonó con dinero negro, se mostró tajante: "Rotundamente, no".
Como su marido, habló de supervisión de la Casa Real. De su asesor, Carlos García Revenga, en el que confiaba, "ya no". No hablaba de temas de la sociedad con su marido pero, sin embargo, sí dijo haberse asesorado previamente: "No teníamos ninguna prohibición. Por supuesto, me asesoré por Carlos García Revenga y él, a su vez, por Federico Rubio". 
Tal vez los nervios le jugaron una mala pasada, pero un pequeño matiz se coló al ser preguntada por la VISA de Aizoon en la que se cargaron gastos personales. ¿Usó usted esa tarjeta VISA?, preguntó Molins que esperaba un "no" rotundo, redondo, sin matices. Pero no lo tuvo, más bien fue un 'no' abierto y flexible: "No recuerdo haber usado esa tarjeta". 'No recordar' no es lo mismo que 'no usar'. Como 'no recordar' está aún más lejos del "yo custodiaba la tarjeta VISA de mi esposa" que repitió y repitió su marido. Pau Molins estuvo al quite y repreguntó rápidamente "Pero ¿tenía usted la clave?" y ella volvió al redil: "no tenía clave". Respiro, a medias.
Mucho más clara con otra pregunta ensayada: ¿actuó como escudo fiscal?. Y respuesta: "En absoluto. Si me lo hubiesen propuesto, no habría aceptado". Y, como chimpún, una pregunta que no tenía pensado hacer Molins pero que sabía muy bien por qué la formulaba"¿Tiene usted o ha tenido cuentas en paraísos fiscales?". Ella tomó aire y enfiló la respuesta "No tengo cuentas en paraísos fiscales. En Suiza SÍ tengo una cuenta, porque resido allí". Una cuenta declarada.
Hasta las conclusiones, Señoría
Después de haber reconocido algún error (firmar en el contrato de autoalquiler, por ejemplo) y haber dejado sobre la mesa su diligencia a la hora de consignar fianzas en el juzgado, la Infanta finiquitó el trámite. Manda la educación y se despidió del Tribunal con un apretón de manos.
No hubo efusividad con su marido tras el trance. Apenas un brazo por la cintura. Algo rápido, no se crean. Iñaki Urdangarin hizo lo propio con las magistradas y se marcharon. Hasta las conclusiones, claro.
Lo peor, por ahora, ha pasado, pero aún queda por delante el discurso de los testigos. Ahí pueden venirse abajo varios argumentos dados por los exduques. Empezando por el servicio doméstico, siguiendo por los miembros de Casa Real (aquella) y terminando por Miguel Tejeiro, el hombre al que los socios de Nóos culpan.
Tendrá menos foco mediático pero es donde los investigados se la juegan. Ahí y en las periciales.
Eso sí será otra historia.



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