La decisión estaba cantada. A nadie, creo, ha sorprendido que el Tribunal haya rechazado la petición de expulsión de Manos Limpias del "juicio Nóos". La presidenta del mismo, Samantha Romero, argumentaba en jerga judicial su decisión basándose en que las investigaciones que lleva Pedraz en Madrid están aún en pañales, así que ella va a seguir haciéndose la sueca.
Más allá de eso, lo que me interesa es lo que pasa antes de esa decisión y después. La conclusión que saco de esta semana es que el balón se está moviendo casi más que nunca. Es como un tiki-taka insoportable. Ahora tuya, ahora mía, ahora tú encabezas el acoso a Manos Limpias, ahora yo; ahora rajo con los medios, ahora les pido protección a cambio. Pim pam, pim pam. Ni los testigos consiguen reclamar la atención porque el foco está en las cabezas de los letrados y en sus estrategias.
En la distancia esta semana, seguir el caso ha sido como plantarse ante un capítulo de "La ley y el orden". Ha habido de todo: un conflicto entre acusaciones, unos conjuros entre defensas, una actividad frenética de rastreo en redacciones y una trama secundaria, la de los testigos.
En el último capítulo hemos visto a un fiscal sobrepasado, al que Nóos ha pasado factura y agriado un poco el carácter explotando con la acusación popular que representa Manos Limpias. Acusación contra acusación en las dos direcciones porque ahora es Virginia López-Negrete la que se plantea la querella animada, dice, por algún compañero del caso. También dice que no le gustaría llegar a esos términos porque le tiene "mucho aprecio a Pedro". Pues menos mal.
Previously, en la bancada de defensas el abogado 'prota', González Peeters, había encabezado la 'cruzada antiManosLimpias' con el apoyo de todos los letrados de los acusados, excepto del de la Infanta. Esto ya era significativo, que se escudasen en preferir una libertad con sentencia para la hermana del Rey, antes que por KO del rival (sobre todo cuando se han dedicado a tirar piedras durante estos dos últimos meses). Pues bien, en este último capítulo se descuelga de la protesta del abogado prota, el del socio del cliente del abogado 'prota': Mario Pascual Vives. Pausa para publicidad. Recapitulamos: el abogado de Torres quiere liquidar a Manos Limpias en esta causa, lo que echa una mano a la Infanta de modo directo, pero también a otra persona: Ana María Tejeiro (acusada únicamente por Fiscalía y Manos Limpias). No parece raro que el Fiscal Horrach levante la mano con la mujer de Torres. Sin el yugo de Manos Limpias, Peeters 'salvaría' al menos a uno de sus dos clientes. . Y Urdangarin que querría lo mismo para sí mismo y su esposa, se adhirió al principio, pero luego va Mario Pascual Vives, su letrado, y no protesta contra la decisión de Samantha Romero de mantener a la acusación popular donde está. ¿Por qué? .Y, por otra parte, la Fiscalía, en un apoyo 'indirecto' a Peeters, pide incorporar a la causa la información que se desprenda de la investigación a Manos Limpias, ¿Qué traman?. Para el próximo capítulo creo que tendremos la respuesta.
Y luego están ellos, los testigos. Secundarios con miga. El Conde de Fontao, dejó caer sin piedad a Iñaki Urdangarin y desmintió la versión dada por la Infanta Cristina en la primera temporada. La Casa Real no estaba al tanto de las actividades de Nóos, como el matrimonio de acusados se esforzó en repetir. "Las actividades privadas de los miembros de la Familia Real no las llevaba nadie", dijo el asesor legal de Zarzuela, José Manuel Romero quien, por otra parte, quiso cubrir su espalda y la de la Institución "Nunca supe que había una actividad ilícita sino inadecuada para el marido de una Infanta de España".
También están los expresidentes de los clubes de fútbol, los hermanos Roig. El primero, Francisco, reconoció que pagó 145.000 euros al Instituto Nóos porque quería arrimar el ascua a su sardina con la celebración de los Valencia Summit "me interesó colocar los campos de golf con esa gente importante". Sí, golf, que no sólo de fútbol vive el hombre.
Su hermano, Fernando, del Villarreal CF, también pagó. En su caso 600.000 euros por un informe de unas decenas de páginas para conseguir un contrato de patrocinio que nunca llegó. Y se enfadaron los dos, claro. Algo así como "que me devuelvan mi dinero". pero con la boca chica. Mejor no meneallo.
Como chimpún, Francisco Roig se dirigió al Tribunal con un "que sea corto", como quien desea una hora, también corta, a una parturienta. Aquí, don Francisco, las complicaciones han empezado antes de la dilatación, no le digo más.
Tejeiro
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16 de marzo de 2016
Diario Nóos: El soufflé Tejeiro
O Peeters lo ha conseguido, desactivar al testigo clave y achantarle, o Manos Limpias había vendido humo o todo a la vez. Miguel Tejeiro llegó, después de un fin de semana en el que su abogado Cristóbal Martell tuvo tiempo de aleccionarle. El asesor fiscal venía con la idea clara: no pringarse, no más de lo necesario. Y eso ha pasado por callar. "Voy a ser prudente y no voy a contar todo lo que sé", y tan pichi. A los pocos minutos de interrogatorio, la letrada de Manos Limpias, que veía cómo el sufflé se venía abajo antes de tiempo, no tuvo más remedio que preguntarle:"¿Se está sintiendo libre para contestar?", a lo que Tejeiro respondió rotundamente "No". Antes ya había declarado libremente que se consideraba "amenazado y no protegido" ante posibles querellas del abogado de Diego Torres, con el capote de los letrados de Iñaki Urdangarin y la Infanta Cristina, que ya no hacen ni el más mínimo esfuerzo en ocultar que van a una con González Peeters: "Han dicho barbaridades absolutas y se amenaza con querellas".
Carlos Masiá es un hombre caricaturesco. Altísimo -rondará los dos metros-, nariz torcida, gesticulador, bromista. Y hoy, imprudente. Le ha perdido el odio hacia Miguel Tejeiro, el desprecio que ambos se profesan a cuenta de rencillas familiares pasadas.
Masiá ha venido hoy a Son Rossinyol 'a hablar de su libro'. Ese en el que el protagonista es un asesor fiscal sin principios que intentó "colarme una par de firmas falsas en unos balances de cuentas anuales", responsable de todo lo irregular, el que llevó por el mal camino la intachable conducta de los entonces Duques de Palma. Para Masià, él sigue siendo Don Iñaki. Torres, es sólo eso. Diego Torres. Ya saben, aquéllo de que 'No hay Don sin din'.
Masià ahondó en que Miguel Tejeiro "me insistió mucho en poner el DNI de la Infanta primero" en la constitución de Aizoon, pero le perdió la boca. O tal vez se dio cuenta de que, como testigo, no podía mentir. Tarde. Si en el procedimiento, ante Castro, aseveró que Tejeiro le pidió que se usase a la Infanta como 'escudo fiscal', hoy se ha amilanado. Ha terminado reconociendo que el asesor fiscal no se lo pidió expresamente y que esa idea fue "una conclusión" que él sacó de sus palabras."Me lo dio a entender", acertó a decir Masià. Manos Limpias saltó como un resorte y adelantó que pedirá la deducción por "falso testimonio" del notario. Y como el que quiere morir matando, sus últimos coletazos fueron para dejar flotando en la sala que Miguel Tejeiro tenía sociedades en el extranjero y unas pruebas periciales sacadas de la manga que, sorpresivamente, el abogado de Torres quiso incorporar rápidamente, sin ni siquiera haberlas leído.
Las pruebas periciales eran unos informes grafológicos que habían sido solicitados por el propio notario para acreditar la falsedad de unas firmas y achachar un escrito a Miguel Tejeiro. El problema es que luego, al revisarlas las acusaciones, estas pruebas no guardaban relación con lo dicho. Elucubraciones de pasillo: o Masià se confundió de carpeta o Peeters esperaba otras periciales pactadas con el testigo para incriminar a Tejeiro.
El testimonio de Masià, a falta de lo que consideren las que mandan -el Tribunal-, tiene una credibilidad bastante discutible. Contaminado por el odio a Miguel Tejeiro, no solamente se contradijo con lo declarado ante Castro acerca del 'escudo fiscal'. Ha sido el testimonio de una persona que, a pesar de tener que ser garante de la ley, ha justificado de la manera más inconcebible por qué no denunció la supuesta falsedad de las firmas en cuanto tuvo conocimiento de ellas en 2009 (y no esperar a elaborar unas pruebas periciales encargadas por él mismo cuatro años después). Sin pestañear dijo "porque no hacía falta. No me iban a creer".
Tal vez, en el fondo, no fuese tan desencaminado.
Miguel Tejeiro, aún así, ha dejado varios titulares. El primero, que la Infanta Cristina mintió en su declaración para, probablemente, inculparle a él, siguiendo la estela de su marido y su socio de banquillo, Diego Torres: "Tiene derecho a mentir, como yo la obligación de decir la verdad". Cierto es que una iba en condición de imputada y él como testigo. Tejeiro encuadró la declaración de la Infanta sobre su persona en un "guión" interpretado por la hermana del Rey: "Me extraña que diga esta señora que entre las cuatro o cinco personas de su confianza estaba yo", cuando apenas "la he visto tres veces".
Eso por un lado. Por otra parte, tenía claro Miguel Tejeiro que de esta declaración iba a salir, no sé si sin querella, pero, desde luego, después de haberle clavado un puñal a su cuñado. Tejeiro afirmó que quien defendía las facturas de las empresas radicadas en el extranjero (Blossom Hills y De Goes LTD) fueron validadas por Diego Torres, quien era, además, el último beneficiario del dinero que llegaba allí desde España para no irse a parar a los bolsillos de nadie más. "Sé que Diego Torres desvió dinero al extranjero", sentenció Tejeiro.
Y tercera pata de la declaración del asesor fiscal, que Urdangarin fue quien decidió que los gastos personales (como una botella de vino), se cargasen a cuenta de Aizoon. Él, ha asegurado, se limitaba a validar lo que le llegaba de parte de los socios de Aizoon.
Eso sí, Miguel Tejeiro fue profético y, a la vista de lo que vino después, sincero respecto a la utilización de la Infanta Cristina como 'escudo fiscal'. Ha asegurdado que "jamás le di orientación (al notario) para que la Infanta fuese escudo fiscal" y adelantó "todo lo que diga será para perjudicarme a mí, no a la Infanta". Y así fue.
Posible 'falso testimonio' del notario
Carlos Masiá es un hombre caricaturesco. Altísimo -rondará los dos metros-, nariz torcida, gesticulador, bromista. Y hoy, imprudente. Le ha perdido el odio hacia Miguel Tejeiro, el desprecio que ambos se profesan a cuenta de rencillas familiares pasadas.
Masiá ha venido hoy a Son Rossinyol 'a hablar de su libro'. Ese en el que el protagonista es un asesor fiscal sin principios que intentó "colarme una par de firmas falsas en unos balances de cuentas anuales", responsable de todo lo irregular, el que llevó por el mal camino la intachable conducta de los entonces Duques de Palma. Para Masià, él sigue siendo Don Iñaki. Torres, es sólo eso. Diego Torres. Ya saben, aquéllo de que 'No hay Don sin din'.
Masià ahondó en que Miguel Tejeiro "me insistió mucho en poner el DNI de la Infanta primero" en la constitución de Aizoon, pero le perdió la boca. O tal vez se dio cuenta de que, como testigo, no podía mentir. Tarde. Si en el procedimiento, ante Castro, aseveró que Tejeiro le pidió que se usase a la Infanta como 'escudo fiscal', hoy se ha amilanado. Ha terminado reconociendo que el asesor fiscal no se lo pidió expresamente y que esa idea fue "una conclusión" que él sacó de sus palabras."Me lo dio a entender", acertó a decir Masià. Manos Limpias saltó como un resorte y adelantó que pedirá la deducción por "falso testimonio" del notario. Y como el que quiere morir matando, sus últimos coletazos fueron para dejar flotando en la sala que Miguel Tejeiro tenía sociedades en el extranjero y unas pruebas periciales sacadas de la manga que, sorpresivamente, el abogado de Torres quiso incorporar rápidamente, sin ni siquiera haberlas leído.
Las pruebas periciales eran unos informes grafológicos que habían sido solicitados por el propio notario para acreditar la falsedad de unas firmas y achachar un escrito a Miguel Tejeiro. El problema es que luego, al revisarlas las acusaciones, estas pruebas no guardaban relación con lo dicho. Elucubraciones de pasillo: o Masià se confundió de carpeta o Peeters esperaba otras periciales pactadas con el testigo para incriminar a Tejeiro.
El testimonio de Masià, a falta de lo que consideren las que mandan -el Tribunal-, tiene una credibilidad bastante discutible. Contaminado por el odio a Miguel Tejeiro, no solamente se contradijo con lo declarado ante Castro acerca del 'escudo fiscal'. Ha sido el testimonio de una persona que, a pesar de tener que ser garante de la ley, ha justificado de la manera más inconcebible por qué no denunció la supuesta falsedad de las firmas en cuanto tuvo conocimiento de ellas en 2009 (y no esperar a elaborar unas pruebas periciales encargadas por él mismo cuatro años después). Sin pestañear dijo "porque no hacía falta. No me iban a creer".
Tal vez, en el fondo, no fuese tan desencaminado.
12 de marzo de 2016
Diario Nóos: Callejón sin salida
A González Peeters, de momento, la jugada le ha salido redonda. En el peor de los casos, consigue amedrentar a Miguel Tejeiro, testigo clave, para que este se replantee sus respuestas 'por si acaso', a la vez que gana tiempo. En el mejor, su silencio.
Pero esto tiene otro plano. Un plus. El del ego. El letrado de Diego Torres encontró, tras un mes de proceso, el resquicio por el que empequeñecer al tribunal y, más concretamente, a su presidenta Samantha Romero. La adusta jueza ya se había enfrentado en ocasiones a Peeters, intentando acotar al abogado que a veces tira de soberbia. Romero ya le espetó hace días "Haga el favor de tratarme con respeto" y le advirtió: "no quiero tener que hacer uso de las correcciones disciplinarias que, como usted sabe, prevé la ley". Él agachó la cabeza, tragó orgullo y quina, pidió disculpas y se la guardó.
Ahora se la ha devuelto, consciente de que es un coco y que a estratega no le gana nadie. Ni su defendido, probablemente, que ya es decir.
González Peeters ha metido a la jueza Romero en un callejón sin salida, sepultada por una maraña de artículos procesales y jurisprudencia. Los peores años de carrera universitaria se le han caído encima a una mujer a la que, parece, se le ha escapado el proceso de las manos.
Ayer acusación y defensas se arrojaban de fondo norte a fondo sur artículos a favor y en contra de que el testigo, Miguel Tejeiro, respondiera al secreto profesional como asesor jurídico. Ella, como Tejeiro, movía la cabeza de un lado a otro de la pista. "Deuce", le faltó decir. Pedro Horrach denunció "coacción" y acusó a la defensa de "abuso procesal", recordando que han vertido los peores delitos sobre un Tejeiro que ahora no puede defenderse. La defensa, por su parte, contraatacó afilando cuchillos contra Manos Limpias. Virginia López Negrete les había echado en cara sus "maniobras torticeras" y Peeters le acusó a ella de "coaccionar al testigo" a cambio de quitarle la imputación.
Consciente de que está bajo lupa, Samantha Romero se retiró a deliberar para intentar mantener la imagen de pulcritud jurídica que se ha empeñado en manifestar. Pero esto, más que pulcritud (que también), necesita determinación. Cortar por lo sano y tirar hacia adelante.
Desde que terminara la sesión, antes de las ocho de la tarde, hasta la mañana del viernes, las magistradas tuvieron tiempo de empollar y anticiparse. Estaba claro que las defensas y acusaciones iban a trabajarse sus argumentos barriendo con los artículos para casa. El Tribunal debió hacer lo mismo. Eso pensaba la sala cuando, sin motivo aparente ni previo aviso, la sesión se retrasaba casi tres cuartos de hora. De la puntualidad exigida por Romero pasamos a una dilación de la que ni siquiera se excusaron. Mal. No hubo excusas y, lo peor, tampoco fue por una buena causa, porque si estuvieron apurando minutos de estudio, no dio ningún resultado.
A cuadros y sin cobertura
La jueza mareó la perdiz toda la mañana y consiguió enfadar a los letrados que vivieron, muchos confesaban, situaciones inauditas. Como en un aula de colegio, allí estaban todos los letrados en sus respectivos asientos. Público y prensa, también. En vista de que aquello podría prolongarse horas, como ocurrió, quien transmitió las órdenes fue el secretario judicial: abogados y acusación podían marcharse, pero tendrían que permanecer en el Polígono Son Rossinyol. A las cuatro de la tarde habría videoconferencia, pero podría retomarse todo antes. O no. O sí. Pim pam. Pim pam. Vamos, que eso tampoco estaba claro, así que nos encontramos con una situación grotesca: los testigos, encerrados en una pecera en la que se habían juntado los citados el jueves, con los que tenían turno el viernes. Y entre ellos, recordamos, algunos no se pueden ni ver. El metro en hora punta.
En la calle la escena era igualmente esperpéntica: abogados, fiscales, periodistas y trabajadores del polígono vagando por la acera, con la mirada perdida. No sabía nadie qué hacer, algo que se trasladó a las terrazas de las cafeterías con la indecisión de pedirse una caña o un cortado, unas porras o un bocata de calamares. Las incógnitas mundanas sumadas a las capitales. Al menos, ya sí, con móvil, que esa es otra.
A la jueza le molesta hasta el más mínimo suspiro en sala, no digamos ya una alerta en el smartphone. Había pasado más de una y más de dos, pero el jueves ya dijo 'basta'. Prohibió totalmente la entrada en sala con los teléfonos móviles a abogados defensores, acusación, público y periodistas. Si esto ya enfadó a más de uno (González Peeters amenazó con abandonar la defensa de su cliente si no se podía comunicar con él "por whatsapp"), el remate llegó por la tarde cuando un funcionario judicial, cumpliendo órdenes, sacó una lista de quienes se habían hecho los suecos con la prohibición y habían colado el móvil bajo la toga. Cabreo máximo, sin ir más lejos desde la bancada de la acusación, donde alguien escupió un "esto es increíble, no estamos en el colegio".
De la jornada de ayer solamente sacamos en claro una declaración casi irrelevante (la de una extrabajadora de Nóos) y la confirmación de que esto ha llegado a un punto muerto. Miguel Tejeiro salía de la EPAB como había entrado, sin saber a qué responder, y las letradas convocaron al testigo para el martes intentando camuflar en jerga jurídica -"no está dispensado de prestar declaración respecto de aquellas cuestiones de contenido patrimonial y, por lo tanto no debe existir confidencialidad"-, la realidad: que no saben qué hacer con el testigo clave y que, ahora sí, esto se ha ido de madre.
10 de marzo de 2016
Diario Nóos. Los Tejeiro golpean dos veces
Si yo les digo que el día comenzaba con la declaración de unos extrabajadores de Nóos, después del subidón informativo de la semana pasada, ustedes habrían lanzado un resoplo. Bajón. Pues no. Así, de primeras, quienes precedían a Miguel Tejeiro, 'el señalado', no tenían pinta de complicarle las cosas a la Infanta. Más bien a su marido y a Diego Torres, pero eso tampoco era ninguna sorpresa.
Luis Tejeiro, otro de la estirpe, declaraba por videoconferencia. Personaje peculiar este contable. Llevaba las cuentas de las sociedades a través de la gestoría. Más allá de describir que tanto Diego Torres como Iñaki Urdangarin "buscaban trabajadores ficticios para la amortización libre" (vamos, meter a gente en plantilla para obtener beneficios fiscales, y luego repartírselo entre las sociedades que crearon), no esperábamos nada nuevo. Nos equivocamos. Luis Tejeiro soltó por esa boquita y, en contra de lo declarado por el tándem duque-profesor, quienes instruían sobre cuentas eran estos y no al revés. A ellos se les ocurría el tipo de contratación y cómo pagar a los empleados (o no pagarles, si es que estos eran 'fantasmas'). "Cada uno ya venía aprendido", sentenció.
Luis Tejeiro llegó a afirmar que su cuñado, Diego Torres, "en su afán de controlarlo todo" llevaba la revisión de las cuentas "en una hoja excel" sin que se le escapase detalle, "hasta el céntimo". Por controlar, controlaba hasta los impuestos y las cuentas de Aizoon, según L. Tejeiro.
Torres, fuera de sala, me reconoció que supervisaba los números porque su cuñado y compañía "lo hacían todo mal". Lo de esta familia es un circo en el que vuelan los cuchillos. "La familia política no se elige", me dice apesadumbrado Torres con un chocolate caliente en las manos. Minutos antes, su cuñado Luis había exculpado a su hermana, Ana María Tejeiro: "la pobre ni pincha ni corta. Y hace lo que hace, lo que aguanta".
Sin embargo, a pesar de lo que dice Torres, la gestoría Medina-Tejeiro siguió llevando las cuentas de lo que llamaban coloquialmente "Grupo Nóos". No hubo supervisión de Casa Real. Nadie, desde la gestoría externa, envió a Carlos García Revenga o a Federico Rubio copias de las cuentas para que se revisaran. Ni hubo intención siquiera: "nunca se planteó ninguna consulta tributaria". Eso afirma Luis Tejeiro, que apenas sostiene haber "enviado a alguien" documentación relativa a la hipoteca de la Infanta, "por orden de Urdangarin".
Pero la verdadera sorpresa, para regocijo de Manos Limpias, ha tenido que ver con Namaste 97. Era la sociedad que tenía el exduque de Palma donde, como accionistas, figuraban su mujer y sus dos hijos mayores. En esa sociedad, previa al desembarco de Urdangarin en Nóos, estaba dado de alta personal doméstico que, por cierto, luego lo estuvo en Aizoon. Esto, según Manos Limpias, perjudica a la Infanta porque demostraría, por la teoría de la ignorancia deliberada, que la Infanta sabía desde antaño cómo operaba su esposo.
Siguiente golpe del hermano Tejeiro: esos empleados domésticos de Aizoon cobraban en sobres con cheques que se entregaban "a Iñaki Urdangarin". Este lo negó en su declaración, claro, pero la Infanta también (de las pocas cosas que expuso con rotundidad).
Los zascas de Luis Tejeiro han sido tales que ha provocado las risas en la sala durante los recesos. Algunos letrados bromeaban con Diego Torres sobre la 'suerte' que tiene con sus cuñados. El testigo declarante, por su parte, no parecía estar pasándolo especialmente mal. Tan relajado estaba que la presidenta del Tribunal, Samantha Romero, le ha echado la bronca como si de un colegio se tratase "Cállese, señor Tejeiro. Estamos en un juicio". Y Tejeiro agachó las orejas con la media sonrisa de quien sabe que la está liando.
Entre otros testigos del día, le tocó el turno al experto en comunicación de Nóos. A quien contrataron por su experiencia para llevar el asunto del patrocinio del equipo ciclista Banesto por parte del gobierno balear. Juan Pablo Molinero, antes en PriceWaterhouseCoopers (PwC), describió perfectamente el carajal que suponían las contrataciones de trabajadores en Nóos. Molinero relató cómo escuchó por primera vez el nombre de Aizoon. Fue a través de una compañera, Vanesa Oleart quien, extrañada, le comentó que era esa empresa (y no Nóos Consultoría, donde trabajaba) quien aparecía como pagadora en su nómina. La explicación que encontró Molinero a eso fue también reveladora "estando detrás quien está, será por temas de seguridad".
Pero, sin duda, Juan Pablo Molinero ha descrito la tribu de Nóos donde "había dos jefes y, el resto, trabajábamos. Éramos los indios de la pradera". No había posibilidad de progresar hacia un mando intermedio en Nóos, lo que provocó su salida. Los "curritos", como llegó a decir, "no teníamos capacidad de decisión ni nada". Sólo dos personas controlaban y decidían todo: Diego Torres e Iñaki Urdangarin: "En Nóos no se movía un papel sin que lo supieran los jefes de la empresa".
Les recuerdo que el exduque dijo algo parecido, pero de la Casa Real. Muchos pies para el minueto.
Y eso que todavía no ha salido a la pista de baile Miguel Tejeiro. Cojan asiento.
Luis Tejeiro, otro de la estirpe, declaraba por videoconferencia. Personaje peculiar este contable. Llevaba las cuentas de las sociedades a través de la gestoría. Más allá de describir que tanto Diego Torres como Iñaki Urdangarin "buscaban trabajadores ficticios para la amortización libre" (vamos, meter a gente en plantilla para obtener beneficios fiscales, y luego repartírselo entre las sociedades que crearon), no esperábamos nada nuevo. Nos equivocamos. Luis Tejeiro soltó por esa boquita y, en contra de lo declarado por el tándem duque-profesor, quienes instruían sobre cuentas eran estos y no al revés. A ellos se les ocurría el tipo de contratación y cómo pagar a los empleados (o no pagarles, si es que estos eran 'fantasmas'). "Cada uno ya venía aprendido", sentenció.
Luis Tejeiro llegó a afirmar que su cuñado, Diego Torres, "en su afán de controlarlo todo" llevaba la revisión de las cuentas "en una hoja excel" sin que se le escapase detalle, "hasta el céntimo". Por controlar, controlaba hasta los impuestos y las cuentas de Aizoon, según L. Tejeiro.
Torres, fuera de sala, me reconoció que supervisaba los números porque su cuñado y compañía "lo hacían todo mal". Lo de esta familia es un circo en el que vuelan los cuchillos. "La familia política no se elige", me dice apesadumbrado Torres con un chocolate caliente en las manos. Minutos antes, su cuñado Luis había exculpado a su hermana, Ana María Tejeiro: "la pobre ni pincha ni corta. Y hace lo que hace, lo que aguanta".
Sin embargo, a pesar de lo que dice Torres, la gestoría Medina-Tejeiro siguió llevando las cuentas de lo que llamaban coloquialmente "Grupo Nóos". No hubo supervisión de Casa Real. Nadie, desde la gestoría externa, envió a Carlos García Revenga o a Federico Rubio copias de las cuentas para que se revisaran. Ni hubo intención siquiera: "nunca se planteó ninguna consulta tributaria". Eso afirma Luis Tejeiro, que apenas sostiene haber "enviado a alguien" documentación relativa a la hipoteca de la Infanta, "por orden de Urdangarin".
Pero la verdadera sorpresa, para regocijo de Manos Limpias, ha tenido que ver con Namaste 97. Era la sociedad que tenía el exduque de Palma donde, como accionistas, figuraban su mujer y sus dos hijos mayores. En esa sociedad, previa al desembarco de Urdangarin en Nóos, estaba dado de alta personal doméstico que, por cierto, luego lo estuvo en Aizoon. Esto, según Manos Limpias, perjudica a la Infanta porque demostraría, por la teoría de la ignorancia deliberada, que la Infanta sabía desde antaño cómo operaba su esposo.
Siguiente golpe del hermano Tejeiro: esos empleados domésticos de Aizoon cobraban en sobres con cheques que se entregaban "a Iñaki Urdangarin". Este lo negó en su declaración, claro, pero la Infanta también (de las pocas cosas que expuso con rotundidad).
Los zascas de Luis Tejeiro han sido tales que ha provocado las risas en la sala durante los recesos. Algunos letrados bromeaban con Diego Torres sobre la 'suerte' que tiene con sus cuñados. El testigo declarante, por su parte, no parecía estar pasándolo especialmente mal. Tan relajado estaba que la presidenta del Tribunal, Samantha Romero, le ha echado la bronca como si de un colegio se tratase "Cállese, señor Tejeiro. Estamos en un juicio". Y Tejeiro agachó las orejas con la media sonrisa de quien sabe que la está liando.
Los 'indios de la pradera'
Entre otros testigos del día, le tocó el turno al experto en comunicación de Nóos. A quien contrataron por su experiencia para llevar el asunto del patrocinio del equipo ciclista Banesto por parte del gobierno balear. Juan Pablo Molinero, antes en PriceWaterhouseCoopers (PwC), describió perfectamente el carajal que suponían las contrataciones de trabajadores en Nóos. Molinero relató cómo escuchó por primera vez el nombre de Aizoon. Fue a través de una compañera, Vanesa Oleart quien, extrañada, le comentó que era esa empresa (y no Nóos Consultoría, donde trabajaba) quien aparecía como pagadora en su nómina. La explicación que encontró Molinero a eso fue también reveladora "estando detrás quien está, será por temas de seguridad".
Pero, sin duda, Juan Pablo Molinero ha descrito la tribu de Nóos donde "había dos jefes y, el resto, trabajábamos. Éramos los indios de la pradera". No había posibilidad de progresar hacia un mando intermedio en Nóos, lo que provocó su salida. Los "curritos", como llegó a decir, "no teníamos capacidad de decisión ni nada". Sólo dos personas controlaban y decidían todo: Diego Torres e Iñaki Urdangarin: "En Nóos no se movía un papel sin que lo supieran los jefes de la empresa".
Les recuerdo que el exduque dijo algo parecido, pero de la Casa Real. Muchos pies para el minueto.
Y eso que todavía no ha salido a la pista de baile Miguel Tejeiro. Cojan asiento.
5 de marzo de 2016
Diario Nóos: La Infanta (des)confiada.
Llegó el día. Un trámite rápido, por favor, parecía pensar. El jueves 3 de marzo se agotaba con la declaración de Salvador Trinxet, que aunque se expresaba casi a la misma velocidad que la letrada de acusación de la Comunidad Valenciana, empezaba a resultar eterno. No porque su discurso no interesara, todo lo contrario, sino porque no había manera de quitarse la sensación de que el hombre de las presuntas sociedades interpuestas, actuaba de telonero.
Rozando las seis, con la sala de vistas más llena que nunca, el nombre de Doña Cristina Federica de Borbón y Grecia resonó, ella tomó aire, agarró el botellín de agua y, con decisión y a grandes pasos, se encaminó al trono de acusados. Para nada porque tampoco era su turno. Cinco minutos de receso. Disculpas del tribunal y a aguantar.
Para eso no había ensayado, para esos cinco minutos (que luego fueron once). Y así se vio a una mujer que se sentía más fuera de lugar que nunca, que no sabía si sentarse en su sitio, quedarse de pie, tras una columna, acercarse a su abogado o ir al excusado. Así que lo hizo todo.
Aún no había consumido el tiempo de descanso cuando ya ocupaba el asiento protagonista. Fue la escenificación total de su vida. Sola. Frente al vacío, su marido en la última fila. Ningún miembro de su familia alentando en la bancada de público, ni esperando fuera, como en las salas de llegadas del aeropuerto. Lo más que vio la Infanta que oliese a familia (y Real) lo tenía colgado en la pared. Tan frío como un marco, la mirada de su hermano Felipe VI, que ha presidido las declaraciones de todos, se perdió en la suya con la misma empatía. La de un marco.
Juntaba los dedos doña Cristina. Tamborileaba con ellos. Cruzaba las piernas y las descruzaba. Bebía agua. Y esperaba, en todos los sentidos.
El Tribunal se disculpó. Había sido un poco cruel pedirle que se sentara para levantarla inmediatamente y ella respondió con educación pero, tan bajo y tan para adentro, que los periodistas ya lamentábamos haber aguardado tantos años este momento para no poder anotar ni cuáles fueron los primeros murmullos de la primera infanta de España que se somete a un juicio.
"Gracias, Señoría, contestaré solamente a mi letrado". No respondió a la única parte que quiso verla ahí sentada, Manos Limpias. Sí lo hicieron sus miradas por ella. Desdén, sobre todo cuando la letrada Virginia López Negrete consignaba preguntas en las que se aludía, por ejemplo, a quienes cuidaban "de lo más preciado que tiene en la vida, como son sus hijos", esos empleados domésticos a los que, presuntamente, le expuso la letrada, habrían pagado con dinero negro. En la sala el resto de acusados y letrados sí murmuraron. Les pareció sucio. Y la jueza empezó a marcar las preguntas a consignar.
"Por la confianza que tenía en mi marido"
El abogado Pau Molins, escoltado por el simbólico Miquel Roca (que no abrió la boca), inició su interrogatorio de defensa. El bufete podría haber preferido hacer uso del derecho a hacer preguntas con respuestas tipo test. Sí, no, no sabe/no contesta. O tres, como González Peeters a Ana María Tejeiro. Pero no. Durante veinte minutos, y en una estrategia inteligente, formularon preguntas de defensa con toques de acusación, o más bien al revés. Y el resultado fue el retrato de una mujer confiada (entonces) y tradicional, si me apuran, casi sacada de un manual de la Sección Femenina: "Era mi marido el que se encargaba de los gastos familiares", luego, a medias con su esposo, ella se se centraba "en el cuidado de mis hijos" y en cuadrarlo con su agenda institucional.
¿Por qué aceptó formar parte al 50% de Aizoon? "Por confianza. Así me lo pidió mi marido y acepté".
Pero ¿sabía cuál era el objeto de la sociedad? "Yo sólo sabía que canalizaba sus ingresos a través de Aizoon".
Y, ¿cuál era su papel en la empresa?. Pues ninguno. Ni florero: "No, no tenía firma ni poderes" o sobre su capacidad de mando:"nunca he dado instrucciones a nadie".
O sobre la tarjeta VISA a su nombre:"la custodiaba él (Urdangarin)".
O en lo referido a las cuentas de la empresa: "Nunca he sabido cuáles eran los ingresos y gastos de Aizoon".
Ni siquiera recibía los extractos bancarios. Por negar, negó hasta charlar con su esposo, el mismo que afirmó haber hecho a la Infanta partícipe de Aizoon "por una cuestión de ilusión", sobre cómo iban los negocios. De eso, en determinados estratos sociales, está feo hablar, se ve: "No procedía. No eran temas que me interesase hablar con él. En esos años mis hijos eran muy pequeños y estábamos muy ocupados". Y punto. Y eso que Aizoon y el domicilio eran lo mismo, aunque claro, también hemos conocido en estas declaraciones que, en determinados estratos sociales, las casas son tan amplias que es posible entrar a la oficina de Aizoon en la casa de Pedralbes sin que la parienta se entere ni vea al visitante. Durante años. "Salía muy temprano de casa", justificó la Infanta.
Lo que fallóLos interrogatorios con la defensa se preparan. Es obvio, para eso están. Otra cosa son los nervios y cuando uno intenta justificar lo que tiene difícil explicación. Eso también ocurrió en el interrogatorio de doña Cristina.
Nos quedó claro que había cosas de las que no se ocupaba. El dinero era una de ellas, sin embargo, al ser preguntada por la contratación del servicio doméstico, si se les abonó con dinero negro, se mostró tajante: "Rotundamente, no".
Como su marido, habló de supervisión de la Casa Real. De su asesor, Carlos García Revenga, en el que confiaba, "ya no". No hablaba de temas de la sociedad con su marido pero, sin embargo, sí dijo haberse asesorado previamente: "No teníamos ninguna prohibición. Por supuesto, me asesoré por Carlos García Revenga y él, a su vez, por Federico Rubio".
Tal vez los nervios le jugaron una mala pasada, pero un pequeño matiz se coló al ser preguntada por la VISA de Aizoon en la que se cargaron gastos personales. ¿Usó usted esa tarjeta VISA?, preguntó Molins que esperaba un "no" rotundo, redondo, sin matices. Pero no lo tuvo, más bien fue un 'no' abierto y flexible: "No recuerdo haber usado esa tarjeta". 'No recordar' no es lo mismo que 'no usar'. Como 'no recordar' está aún más lejos del "yo custodiaba la tarjeta VISA de mi esposa" que repitió y repitió su marido. Pau Molins estuvo al quite y repreguntó rápidamente "Pero ¿tenía usted la clave?" y ella volvió al redil: "no tenía clave". Respiro, a medias.
Mucho más clara con otra pregunta ensayada: ¿actuó como escudo fiscal?. Y respuesta: "En absoluto. Si me lo hubiesen propuesto, no habría aceptado". Y, como chimpún, una pregunta que no tenía pensado hacer Molins pero que sabía muy bien por qué la formulaba"¿Tiene usted o ha tenido cuentas en paraísos fiscales?". Ella tomó aire y enfiló la respuesta "No tengo cuentas en paraísos fiscales. En Suiza SÍ tengo una cuenta, porque resido allí". Una cuenta declarada.
Hasta las conclusiones, SeñoríaDespués de haber reconocido algún error (firmar en el contrato de autoalquiler, por ejemplo) y haber dejado sobre la mesa su diligencia a la hora de consignar fianzas en el juzgado, la Infanta finiquitó el trámite. Manda la educación y se despidió del Tribunal con un apretón de manos.
No hubo efusividad con su marido tras el trance. Apenas un brazo por la cintura. Algo rápido, no se crean. Iñaki Urdangarin hizo lo propio con las magistradas y se marcharon. Hasta las conclusiones, claro.
Lo peor, por ahora, ha pasado, pero aún queda por delante el discurso de los testigos. Ahí pueden venirse abajo varios argumentos dados por los exduques. Empezando por el servicio doméstico, siguiendo por los miembros de Casa Real (aquella) y terminando por Miguel Tejeiro, el hombre al que los socios de Nóos culpan.
Tendrá menos foco mediático pero es donde los investigados se la juegan. Ahí y en las periciales.
Eso sí será otra historia.
27 de febrero de 2016
Diario Nóos. Don Ignacio Urdangarin, suba al estrado
Se agitó nervioso desde el inicio de la sesión, en la que su socio, DiegoTorres seguía con su clase magistral de 'escaqueamiento' judicial. Ni encontraba su sitio en la silla, ni sabía ya qué hacer con unas manos sudorosas. Modo gafas on. Modo gafas off.
Había un límite, la una de la tarde. Si Torres se prolongaba, Urdangarin tendría que volver a casa con un respiro de un largo fin de semana por medio. Y como en un coitus interruptus, cuando González Peeters interrumpió cinco minutos la sesión para jugar la bola del pacto de no agresión, y "sorprendió" al decir "no tengo más preguntas, Señoría", Urdangarin se levantó dispuesto a enfilar la cuesta más empinada. La jueza le paró, aún había que resolver una duda con Torres, otra presunta contradicción. Y Urdangarin, volvió a la silla para dejar en ella la poca seguridad que había logrado reunir.
Apenas fueron unos minutos, porque en seguida le llamaron al estrado, pero para entonces, el exduque ya era una madeja de nervios. 13:08 minutos de la tarde. Ante él, el fiscal Horrach, -el hombre que pide que ingrese en prisión por 19 años- le preguntó, primero, por un mail que le dejó perplejo. En ese correo electrónico se dirige a su esposa como 'KID'. ¿Está hablando en clave?, inquirió el fiscal. "No hablo en clave, es una manera cariñosa de dirigirnos el uno al otro". Y, segundo, por un correo a Carlos García Revenga para que le entregara una copia de una carta que dirigía al COI, a la Infanta Cristina. ¿Hay algo oculto en este mail?, preguntó Horrach. "No hay nada oculto, al revés". La cara de Virginia López Negrete era un poema. Y la de la jueza Samantha Romero también que, antes de ser consciente de que el mensaje de Horrach iba dirigido fundamentalmente a ella, sólo acertó a decir que era "la primera vez que veía que una acusación arremetiese contra otra".
Horrach se desahogó, puso de manifiesto que, en el momento en que todos los ojos iban a estar pendientes de él, su primer latigazo iba a ser para quienes permitieron, con dudoso criterio, incorporar a la sesión preguntas de Manos Limpias que no procedían sobre temas por los que no se juzga a la Infanta. Y lo hizo siendo muy consciente de que, desde fuera, una vez más, los medios sólo serían capaces de interpretar ese gesto como un capote a la Infanta.
No es la primera vez que al exduque le invaden la ignorancia y el desconocimiento. Ante el juez instructor ya justificó su actuación en Instituto Nóos como la de aquél que sólo pasaba por allí, que poco pinchaba y que delegaba el papeleo en el resto. Con la diferencia de que entonces, ante José Castro, a quien señaló fue a Diego Torres y ahora, ante Samantha Romero, mira hacia el ausente Miguel Tejeiro. "Yo de eso no entiendo", "no sé", "yo salí de allí así,como vengo, sin papeles" o "ahora me he encontrado con esto", fueron algunas de sus frases ensayadas para sacudirse de los (trabajadores) fantasmas. Es su jugada, en la que, incluso, se atreve a imputar falsificación de su firma a quien se encargaba de elaborar presupuestos. A ver cómo defiende luego ese asunto.
La partida pasa, en este tiempo de descuento, por jugar en el mismo equipo que Diego Torres. Otra vez. El dinero les juntó, luego separó y la sombra de los barrotes, les ha unido de nuevo.
Dicen que no hay pacto, puede que tengan razón, pero lo que nadie duda a estas alturas es que los dos han entendido que juntos podrán rascar algo más que librando la batalla por separado.
La traca final de la maratoniana declaración de Diego Torres dejó momentos para el anecdotario. En el interrogatorio de su defensa, se exhibieron un par de vídeos. Uno de ellos, casi obscenamente lacrimógeno, pretendía justificar el trabajo en la Fundación Deporte, Cultura e Integración Social. Niños enfermos, en riesgo de exclusión social o con otro tipo de problemas, disfrutando en un yate gracias a la fundación de Torres y Urdangarin. Faltó el detalle que aportan las investigaciones, que esa Fundación de altruista tenía más bien poco y que se ideó para que el exduque y su socio pudieran seguir haciendo negocios con las administraciones públicas, sin que figuraran "en apariencia" sus nombres.
Otro de los vídeos que se visionó fue el del Illes Balears Fórum en el que intervino Juan Antonio Samaranch. Con esas imágenes y un discurso de alabanza a los organizadores del evento, quería demostrar Torres que no vendieron humo sino knowledge, strategic management y todas esas palabras rimbombantes en inglés con las que le gustaba a Torres colocar los pufos. En él aparecían unos jovencísimos Jaume Matas, Diego Torres e Iñaki Urdangarin, cuando este aún no peinaba canas y su cara no acusaba los golpes de la justicia. En un receso, se acercó el expresident balear al exduque de Palma y le dijo:
Iñaki Urdangarin sonrió y respondió con algo que no puede ser más cierto:
Ahora parece, exactamente, que el contexto ha devorado a Iñaki Urdangarin y se relame ante la llegada de la esposa.
Había un límite, la una de la tarde. Si Torres se prolongaba, Urdangarin tendría que volver a casa con un respiro de un largo fin de semana por medio. Y como en un coitus interruptus, cuando González Peeters interrumpió cinco minutos la sesión para jugar la bola del pacto de no agresión, y "sorprendió" al decir "no tengo más preguntas, Señoría", Urdangarin se levantó dispuesto a enfilar la cuesta más empinada. La jueza le paró, aún había que resolver una duda con Torres, otra presunta contradicción. Y Urdangarin, volvió a la silla para dejar en ella la poca seguridad que había logrado reunir.
Apenas fueron unos minutos, porque en seguida le llamaron al estrado, pero para entonces, el exduque ya era una madeja de nervios. 13:08 minutos de la tarde. Ante él, el fiscal Horrach, -el hombre que pide que ingrese en prisión por 19 años- le preguntó, primero, por un mail que le dejó perplejo. En ese correo electrónico se dirige a su esposa como 'KID'. ¿Está hablando en clave?, inquirió el fiscal. "No hablo en clave, es una manera cariñosa de dirigirnos el uno al otro". Y, segundo, por un correo a Carlos García Revenga para que le entregara una copia de una carta que dirigía al COI, a la Infanta Cristina. ¿Hay algo oculto en este mail?, preguntó Horrach. "No hay nada oculto, al revés". La cara de Virginia López Negrete era un poema. Y la de la jueza Samantha Romero también que, antes de ser consciente de que el mensaje de Horrach iba dirigido fundamentalmente a ella, sólo acertó a decir que era "la primera vez que veía que una acusación arremetiese contra otra".
Horrach se desahogó, puso de manifiesto que, en el momento en que todos los ojos iban a estar pendientes de él, su primer latigazo iba a ser para quienes permitieron, con dudoso criterio, incorporar a la sesión preguntas de Manos Limpias que no procedían sobre temas por los que no se juzga a la Infanta. Y lo hizo siendo muy consciente de que, desde fuera, una vez más, los medios sólo serían capaces de interpretar ese gesto como un capote a la Infanta.
La ignorancia de Don Iñaki
No es la primera vez que al exduque le invaden la ignorancia y el desconocimiento. Ante el juez instructor ya justificó su actuación en Instituto Nóos como la de aquél que sólo pasaba por allí, que poco pinchaba y que delegaba el papeleo en el resto. Con la diferencia de que entonces, ante José Castro, a quien señaló fue a Diego Torres y ahora, ante Samantha Romero, mira hacia el ausente Miguel Tejeiro. "Yo de eso no entiendo", "no sé", "yo salí de allí así,como vengo, sin papeles" o "ahora me he encontrado con esto", fueron algunas de sus frases ensayadas para sacudirse de los (trabajadores) fantasmas. Es su jugada, en la que, incluso, se atreve a imputar falsificación de su firma a quien se encargaba de elaborar presupuestos. A ver cómo defiende luego ese asunto.
La partida pasa, en este tiempo de descuento, por jugar en el mismo equipo que Diego Torres. Otra vez. El dinero les juntó, luego separó y la sombra de los barrotes, les ha unido de nuevo.
Dicen que no hay pacto, puede que tengan razón, pero lo que nadie duda a estas alturas es que los dos han entendido que juntos podrán rascar algo más que librando la batalla por separado.
Aquellos maravillosos (y baleares) años
La traca final de la maratoniana declaración de Diego Torres dejó momentos para el anecdotario. En el interrogatorio de su defensa, se exhibieron un par de vídeos. Uno de ellos, casi obscenamente lacrimógeno, pretendía justificar el trabajo en la Fundación Deporte, Cultura e Integración Social. Niños enfermos, en riesgo de exclusión social o con otro tipo de problemas, disfrutando en un yate gracias a la fundación de Torres y Urdangarin. Faltó el detalle que aportan las investigaciones, que esa Fundación de altruista tenía más bien poco y que se ideó para que el exduque y su socio pudieran seguir haciendo negocios con las administraciones públicas, sin que figuraran "en apariencia" sus nombres.
Otro de los vídeos que se visionó fue el del Illes Balears Fórum en el que intervino Juan Antonio Samaranch. Con esas imágenes y un discurso de alabanza a los organizadores del evento, quería demostrar Torres que no vendieron humo sino knowledge, strategic management y todas esas palabras rimbombantes en inglés con las que le gustaba a Torres colocar los pufos. En él aparecían unos jovencísimos Jaume Matas, Diego Torres e Iñaki Urdangarin, cuando este aún no peinaba canas y su cara no acusaba los golpes de la justicia. En un receso, se acercó el expresident balear al exduque de Palma y le dijo:
-Señor, ¡qué jóvenes estábamos entonces!
Iñaki Urdangarin sonrió y respondió con algo que no puede ser más cierto:
-¿Ha visto lo importante que es poner las cosas en su contexto? Ahora parece otra cosa, pero entonces no era así.
Ahora parece, exactamente, que el contexto ha devorado a Iñaki Urdangarin y se relame ante la llegada de la esposa.
25 de febrero de 2016
Diario Nóos. Torres, touché.
| Diego Torres, acorralado en el interrogatorio de Manos Limpias |
Y llegó Manos Limpias y le dio la vuelta a la tortilla. Diego Torres había llegado con la premisa de no implicar en exceso a la Infanta para no salpicar a su esposa. A Virginia López Negrete lo que le interesaba de Torres no era otra cosa que destapar el conocimiento de la Casa Real y todos sus miembros, de los tejemanejes de Nóos. Y más concretamente, echar por tierra el argumento de que la Infanta Cristina vivía ajena a los problemas que los negocios de su marido estaban generando en la imagen de la Casa Real y en las arcas públicas.
Ocho minutos después de la una de la tarde, cae la primera pregunta bomba."¿Era el Conde de Fontao un emisario del Rey?". Es decir, ¿ordenó el Rey Juan Carlos que su yerno abandonara el Instituto Nóos?. Torres responde con un "no sé" que destapa la primera de sus contradicciones con su declaración ante el juez Castro durante la instrucción. Se lo puso en bandeja a López Negrete, que le volvió a repreguntar, ahora sí, con éxito en la respuesta: "Sí, desde mi punto de vista, sí". Y empezó a desmoronarse. Manos Limpias afinó aún más el tiro. "¿Sabía la Infanta que el Conde de Fontao estaba actuando como emisario del Rey?". Touché. Torres, en un rincón del ring, asiste al rifirrafe entre Fiscal y defensa de la Infanta con la magistrada Samantha Romero sobre la pertinencia de la pregunta. Pero esta vez no hubo suerte para Torres. A pesar de que la hermana de Felipe VI se sienta por presuntos delitos que nada tienen que ver con ello, la jueza ha vuelto a sorprender con una decisión que, en esta ocasión, lejos de dar un respiro al acusado, le quitó el aliento, antes del KO. : "Ha pactado usted con el Sr. Urdangarin para achacar la culpa a Miguel Tejeiro?". Y Torres cayó al piso. A partir de ahí decidió dejar de responder a la acusación popular. Virginia López Negrete consiguió lo que no pudieron hacer ni el Fiscal Horrach ni la Abogada del Estado: dejar sin palabras a todo un vendedor de humo.
La sombra del pacto Torres-UrdangarinManos Limpias puso el foco donde quiso. Señaló a la Infanta Cristina y, aunque no tenga repercusión judicial, sembró de nuevo la duda sobre su relato de esposa despreocupada de los negocios de su marido. Y, por otro lado, dejó al descubierto parte de su estrategia, la misma que sacó a Miguel Tejeiro (el asesor de Instituto Nóos) del banquillo de acusados. Virginia López Negrete sugirió que detrás de la exculpación de la Infanta y los miembros más destacados de Casa Real por parte de Torres, había un sibilino pacto entre los amigos, luego enemigos y ahora colegas bien avenidos de banquillo. Un acuerdo para que ambos vertiesen en el ausente Tejeiro toda responsabilidad en las irregularidades del Instituto Nóos.
Ni que decir tiene que la defensa de la Infanta acusó el golpe. Muy vehemente, Pau Molins insistió en que es inaudito que Manos Limpias haya llevado el interrogatorio por esos derroteros con el beneplácito del Tribunal y que López Negrete hable de pactos. "Aquí la única que ha pactado ha sido ella con Miguel Tejeiro... y no explica por qué". Un golpe se contrarresta con otro... y este que ha lanzado Molins le dolerá, más adelante, a la letrada de Manos Limpias. Y puede que no tardemos en verlo.
Diario Nóos. Eternamente, Torres.
Se los ha llevado a su terreno. Diego Torres ha terminado por agotar a Horrach, a Mercedes Ripoll, de la Abogacía del Estado, y con la letrada de la comunidad balear, lo poco que ha podido. Al profesor de Esade le han mostrado hoy gráficos imposibles de facturas cruzadas, párrafos idénticos de convenios de comunidades autónomas diferentes (Comunidad Valenciana e Islas Baleares) y mails en los que quedaba patente que él dirigía hasta donde no figuraba oficialmente. Y nada. Con palabrería, evasivas y mucho humo, Torres ha mostrado la mejor versión del marketing que ha hecho siempre de sí mismo para terminar, no sólo no dando la respuesta, sino de manera constante, interrogando él a la acusación. Grotesco.
Ahí va un puñado de frases memorables:
"No es un delito ser ahorrador"
"Me pone muy nervioso deber dinero al banco, así que con los dividendos iba pagando amortizaciones de hipotecas"
"Tengo unas ganas locas de explicar por qué esas facturas no son falsas"
"Me parece grotesco lo que ha hecho Hacienda con este tema"
"En mi vida la declaración de la Renta la he hecho yo"
"Si te viene el abogado del Jefe del Estado y te dice que tiene que ser así, pues lo haces"
"Ah, que soy culpable de haber creado muchas empresas y después separarlas"
Torres no ha querido señalar a la Infanta, consciente de que eso lo único que puede aportarle, es que sus acusaciones acaben salpicando a su esposa, Ana María Tejeiro. Pero sí ha dirigido el discurso hacia el asesor del Rey emérito Juan Carlos I . Según Torres, fue José Manuel Romero, Conde de Fontao, quien se reúne "periódicamente" con él, entre otros, para estudiar la salida de Iñaki Urdangarin del Instituto Nóos, tras las primeras noticias aparecidas en prensa en 2006 y temiendo que el asunto pudiera afectar a la Casa Real. Determina que el exduque tiene que salir de allí. Pero, "pensando en el futuro profesional" de Don Iñaki, dice Torres, idean que pase a formar parte de una Fundación. Así podría "seguir vinculado al mundo del deporte". De este modo, crean ARETÉ, y se sitúa a Urdangarin al frente. El Conde de Fontao "se tira de los pelos". Ese no era el plan y establece, paso a paso, según Torres, el proceder: disolver ARETÉ, crear otra fundación y, después, introducir la presencia del marido de la Infanta mediante colaboraciones. En un último término, nombrarle presidente. Y se hizo.
La Fundación Deporte, Cultura e Integración Social estuvo gestionada principalmente, según Torres, por Mario Sorribas, a pesar de que en los mails exhibidos se aprecia hasta qué punto Diego Torres tenía poder de decisión en la misma.
La abogada que representa a la comunidad balear tiene pensado mostrar a Torres cientos de documentos en cuanto se reanude la sesión. Y, sin ir más lejos, algunas defensas-como la de Urdangarin- se hacen a la idea de que es posible que estén un día planteándole cuestiones a Diego Torres.
Manos Limpias no prevé un interrogatorio especialmente extenso, pero sí centrado en la Casa Real. Si quiere, Torres podrá explayarse. Durante la instrucción ha sido él el primero en querer sacar a relucir nombres reales para incluirles en la causa. Por cierto, Virgina López Negrete está citada este mismo jueves como investigada en otro asunto. Redondearía lo grotesco del asunto, si tuviera la letrada que salir, a la fuerza, de la sala en plena sesión.
| Diego Torres se enfrenta a una petición de más de 19 años de prisión |
Ahí va un puñado de frases memorables:
"No es un delito ser ahorrador"
"Me pone muy nervioso deber dinero al banco, así que con los dividendos iba pagando amortizaciones de hipotecas"
"Tengo unas ganas locas de explicar por qué esas facturas no son falsas"
"Me parece grotesco lo que ha hecho Hacienda con este tema"
"En mi vida la declaración de la Renta la he hecho yo"
"Si te viene el abogado del Jefe del Estado y te dice que tiene que ser así, pues lo haces"
"Ah, que soy culpable de haber creado muchas empresas y después separarlas"
El Conde de Fontao y el futuro de Urdangarin
| El matrimonio Urdangarin-Borbón podrían ver retrasado sus interrogatorios a la próxima semana. |
Torres no ha querido señalar a la Infanta, consciente de que eso lo único que puede aportarle, es que sus acusaciones acaben salpicando a su esposa, Ana María Tejeiro. Pero sí ha dirigido el discurso hacia el asesor del Rey emérito Juan Carlos I . Según Torres, fue José Manuel Romero, Conde de Fontao, quien se reúne "periódicamente" con él, entre otros, para estudiar la salida de Iñaki Urdangarin del Instituto Nóos, tras las primeras noticias aparecidas en prensa en 2006 y temiendo que el asunto pudiera afectar a la Casa Real. Determina que el exduque tiene que salir de allí. Pero, "pensando en el futuro profesional" de Don Iñaki, dice Torres, idean que pase a formar parte de una Fundación. Así podría "seguir vinculado al mundo del deporte". De este modo, crean ARETÉ, y se sitúa a Urdangarin al frente. El Conde de Fontao "se tira de los pelos". Ese no era el plan y establece, paso a paso, según Torres, el proceder: disolver ARETÉ, crear otra fundación y, después, introducir la presencia del marido de la Infanta mediante colaboraciones. En un último término, nombrarle presidente. Y se hizo.
La Fundación Deporte, Cultura e Integración Social estuvo gestionada principalmente, según Torres, por Mario Sorribas, a pesar de que en los mails exhibidos se aprecia hasta qué punto Diego Torres tenía poder de decisión en la misma.
El interrogatorio eterno de TorresA pesar de que es ya el más largo en lo que llevamos de juicio, Diego Torres aún va a ocupar el asiento protagonista de los investigados, al menos, un día más. Algunos letrados ya cuentan con la próxima semana para que se pueda tomar declaración a Iñaki Urdangarin (que hoy ha recibido la visita de sus hermanos, presentes entre el público de la sala), a Salvador Trinxet y a la Infanta Cristina.
La abogada que representa a la comunidad balear tiene pensado mostrar a Torres cientos de documentos en cuanto se reanude la sesión. Y, sin ir más lejos, algunas defensas-como la de Urdangarin- se hacen a la idea de que es posible que estén un día planteándole cuestiones a Diego Torres.
Manos Limpias no prevé un interrogatorio especialmente extenso, pero sí centrado en la Casa Real. Si quiere, Torres podrá explayarse. Durante la instrucción ha sido él el primero en querer sacar a relucir nombres reales para incluirles en la causa. Por cierto, Virgina López Negrete está citada este mismo jueves como investigada en otro asunto. Redondearía lo grotesco del asunto, si tuviera la letrada que salir, a la fuerza, de la sala en plena sesión.
24 de febrero de 2016
Diario Nóos. La venganza se sirve en plato frío
Cinco años ha tardado Diego Torres en dar su versión a un tribunal. Tenía tanta ansia, que por un momento ha estado a punto de ahogarse en su propia marejada de mails y facturas. El exsocio de Urdangarin venía con su lección bien aprendida, dispuesto a despedazar cada contrato de Nóos y cada evento, pero el fiscal Horrach venía pícaro. "¿Qué es KOBLENZ?". Una pregunta, un nombre y el mundo de Torres se ha venido abajo. Le pilló con el paso cambiado y ha sido el primer y casi único momento en que el profesor de ESADE ha respondido con silencio y desconcierto.
'Koblenz' es el nombre de una ciudad alemana, pero en el caso Nóos, es el nombre con el que se decide bautizar a una de las cuentas que abrieron los Torres-Tejeiro en el Crédit Agricole de Luxemburgo. Doble golpe porque quien escribía esos mails y barajaba nombres, era Ana María Tejeiro, la mujer de un Torres que siempre ha querido dejar a su esposa al margen de la toma de decisiones de toda actividad empresarial. Torres no esperaba, primero que el interrogatorio empezara por el blanqueo, y segundo, que lo hiciera con unos mails redactados por su mujer a la que la Fiscalía no tiene especial interés en "machacar" y cuyo testimonio pasó sin pena ni gloria (apenas duró un minuto y entre sollozos). Touché.
Esa cuenta, que también Ana Tejeiro pensó en llamar 'Voynich', como el lenguaje manuscrito cifrado, reflejó ingresos en 2009 de más de 400.000 euros y terminó cerrándose abruptamente. La cuenta que abría un interrogatorio durísimo de Pedro Horrach, insistiendo en las transferencias entre sociedades pantalla radicadas, algunas, en paraísos fiscales como Belice. No ha sabido defenderse Diego Torres en la sesión matutina del juicio y, ahí, ha optado por los balones fuera: quien gestionaba activos, ordenaba aperturas de cuentas, movimientos de dinero, etc., era el asesor Miguel Tejeiro -"curiosamente ahora no está sentado aquí", ha insistido Torres-, y un clásico en su discurso: los movimientos estaban supervisados por Hacienda y por Casa Real. En su sacudida de polvo, Torres ha asegurado que había una "doble supervisión", por parte del Conde de Fontao, "abogado del Rey", y por la de "un alto funcionario de Hacienda" que cada mes de junio les echaba una mano con el borrador. Sabedor de que todo lo que huela a Juan Carlos I, arrastra la atención mediática, Torres ha sacado nombres de su agenda. Así ha declarado que Corinna Seynn Wittgenstein, amiga del rey emérito, fue quien propuso crear una estructura societaria para poder cobrar en Londres que se supiera de dónde venía el dinero "a lo que nosotros nos negamos".Un mail "con copia la Jefe del Estado y al Jefe de la Casa del Rey". Ahí se ha escudado en su desconocimiento sobre contabilidad, pero ha arrojado tres mensajes inolvidables en la historia de la justificación de las contrataciones laborales fantasma: no son trabajadores ficticios, "era optimización de los recursos que ofrece Hacienda", lo que cuente el contable es mentira: "el 95% de lo que contó Marco Tejeiro (el contable) era ciencia ficción. No ennegrecíamos nóminas. Actuamos de buena fe". Y el tercero, para redondear la actuación sublime, Horrach le muestra un post-it hallado entre los papeles de su caja fuerte donde rezaban cantidades y un mensaje, "PAGOS EN 'B'". Justificación: "esa 'B' es de Barclays, el banco con quien tengo contratada la hipoteca". Chimpún.
La tarde ha sido de Torres. La ha jugado y ha llevado el interrogatorio por donde ha querido. Horrach ha acabado agotado por el discurso del profesor, que se ha zafado (y muy bien) de las facturas cruzadas que le ha mostrado la Fiscalía una a una. Para todas tenía respuesta y explicación. Para todas pedía mostrar un documento aclaratorio. Hasta el punto de que González-Peeters, su abogado, no ha abierto ni la boca. No le ha hecho falta, su defendido se ha enfrascado, hasta la obsesión, en desmontar cada coma que le quisieran reprochar. Con o sin razón, la Fiscalía se ha ido deshinchando. Y todos. Todos menos Torres que se ha ido creciendo, ha mostrado la mejor versión de quien encandiló a administraciones, ha introducido conceptos como los de las "facturas pro-forma" y ha explicado resueltamente qué labores desempeñaban los presuntos trabajadores fantasma. Ha jugado solo. Su mirada y sus palabras se dirigían, sobre todo, a quien sabe que tiene que convencer: al tribunal encabezado por la jueza Samantha Romero. Los cinco años le han sabido a gloria y le han valido la pena por estas tres horas de la tarde. Si había alguna oportunidad de rebajar penas y responsabilidades, era esta... y no ha podido hacerlo mejor. Las contradicciones en las que haya podido incurrir, varias, sólo han servido para desquiciar a un fiscal agotado. "No están acostumbrados los fiscales de Baleares a que les lleven la contraria, se vienen abajo", me comenta un letrado de la rama valenciana del caso.
Aún tiene interrogatorio por delante Diego Torres, que probablente se lleve todo el miércoles. Urdangarin espera declarar ya el jueves, aunque espera una sesión más tranquila. No cuenta con la verborrea de Torres a pesar de que, como alumno que fue, sigue tomando notas del maestro -ha sido el único que, con la misma intensidad con la que Torres se sacaba mails de la chistera, escribía en su carpeta a dos colores: azul y rojo-. Horrach no será, previsiblemente, tan duro con él. Su caballo de batalla es Diego Torres, pero su testimonio, sí abarcará toda una jornada.
Si, finalmente, su marido solamente declara durante el jueves, la Infanta Cristina sí conseguiría someterse al interrogatorio este viernes. Algo que al comienzo de la jornada del martes parecía poco probable para sus letrados, pero que a última hora de la tarde no era descartable.
Su estrategia pasa por no responder a quien le acusa, Manos Limpias. Pero atención, porque su paso por el micrófono de la sala podría ser especialmente breve. Si no responde a las preguntas de la acusación popular, tampoco parece lógico que responda a las de quienes no han presentado cargos contra ella. Es decir, hasta este momento, la Infanta se estaría planteando no contestar más que a sus letrados, ni siquiera responder al Fiscal Horrach que sí había preparado algunas preguntas para la hermana del Rey Felipe VI.
Con la cabeza probablemente en otra parte, Grau ha estado a lo largo de las ocho horas de la sesión de este martes, jugueteando con el teléfono móvil, su corbata y la libreta con la que ha entrado en la sala.
'Koblenz' es el nombre de una ciudad alemana, pero en el caso Nóos, es el nombre con el que se decide bautizar a una de las cuentas que abrieron los Torres-Tejeiro en el Crédit Agricole de Luxemburgo. Doble golpe porque quien escribía esos mails y barajaba nombres, era Ana María Tejeiro, la mujer de un Torres que siempre ha querido dejar a su esposa al margen de la toma de decisiones de toda actividad empresarial. Torres no esperaba, primero que el interrogatorio empezara por el blanqueo, y segundo, que lo hiciera con unos mails redactados por su mujer a la que la Fiscalía no tiene especial interés en "machacar" y cuyo testimonio pasó sin pena ni gloria (apenas duró un minuto y entre sollozos). Touché.
Esa cuenta, que también Ana Tejeiro pensó en llamar 'Voynich', como el lenguaje manuscrito cifrado, reflejó ingresos en 2009 de más de 400.000 euros y terminó cerrándose abruptamente. La cuenta que abría un interrogatorio durísimo de Pedro Horrach, insistiendo en las transferencias entre sociedades pantalla radicadas, algunas, en paraísos fiscales como Belice. No ha sabido defenderse Diego Torres en la sesión matutina del juicio y, ahí, ha optado por los balones fuera: quien gestionaba activos, ordenaba aperturas de cuentas, movimientos de dinero, etc., era el asesor Miguel Tejeiro -"curiosamente ahora no está sentado aquí", ha insistido Torres-, y un clásico en su discurso: los movimientos estaban supervisados por Hacienda y por Casa Real. En su sacudida de polvo, Torres ha asegurado que había una "doble supervisión", por parte del Conde de Fontao, "abogado del Rey", y por la de "un alto funcionario de Hacienda" que cada mes de junio les echaba una mano con el borrador. Sabedor de que todo lo que huela a Juan Carlos I, arrastra la atención mediática, Torres ha sacado nombres de su agenda. Así ha declarado que Corinna Seynn Wittgenstein, amiga del rey emérito, fue quien propuso crear una estructura societaria para poder cobrar en Londres que se supiera de dónde venía el dinero "a lo que nosotros nos negamos".Un mail "con copia la Jefe del Estado y al Jefe de la Casa del Rey". Ahí se ha escudado en su desconocimiento sobre contabilidad, pero ha arrojado tres mensajes inolvidables en la historia de la justificación de las contrataciones laborales fantasma: no son trabajadores ficticios, "era optimización de los recursos que ofrece Hacienda", lo que cuente el contable es mentira: "el 95% de lo que contó Marco Tejeiro (el contable) era ciencia ficción. No ennegrecíamos nóminas. Actuamos de buena fe". Y el tercero, para redondear la actuación sublime, Horrach le muestra un post-it hallado entre los papeles de su caja fuerte donde rezaban cantidades y un mensaje, "PAGOS EN 'B'". Justificación: "esa 'B' es de Barclays, el banco con quien tengo contratada la hipoteca". Chimpún.
Torres gana la partida, por extenuación
La tarde ha sido de Torres. La ha jugado y ha llevado el interrogatorio por donde ha querido. Horrach ha acabado agotado por el discurso del profesor, que se ha zafado (y muy bien) de las facturas cruzadas que le ha mostrado la Fiscalía una a una. Para todas tenía respuesta y explicación. Para todas pedía mostrar un documento aclaratorio. Hasta el punto de que González-Peeters, su abogado, no ha abierto ni la boca. No le ha hecho falta, su defendido se ha enfrascado, hasta la obsesión, en desmontar cada coma que le quisieran reprochar. Con o sin razón, la Fiscalía se ha ido deshinchando. Y todos. Todos menos Torres que se ha ido creciendo, ha mostrado la mejor versión de quien encandiló a administraciones, ha introducido conceptos como los de las "facturas pro-forma" y ha explicado resueltamente qué labores desempeñaban los presuntos trabajadores fantasma. Ha jugado solo. Su mirada y sus palabras se dirigían, sobre todo, a quien sabe que tiene que convencer: al tribunal encabezado por la jueza Samantha Romero. Los cinco años le han sabido a gloria y le han valido la pena por estas tres horas de la tarde. Si había alguna oportunidad de rebajar penas y responsabilidades, era esta... y no ha podido hacerlo mejor. Las contradicciones en las que haya podido incurrir, varias, sólo han servido para desquiciar a un fiscal agotado. "No están acostumbrados los fiscales de Baleares a que les lleven la contraria, se vienen abajo", me comenta un letrado de la rama valenciana del caso.
| El Fiscal Anticorrupción, Pedro Horrach |
El próximo, Urdangarin
Aún tiene interrogatorio por delante Diego Torres, que probablente se lleve todo el miércoles. Urdangarin espera declarar ya el jueves, aunque espera una sesión más tranquila. No cuenta con la verborrea de Torres a pesar de que, como alumno que fue, sigue tomando notas del maestro -ha sido el único que, con la misma intensidad con la que Torres se sacaba mails de la chistera, escribía en su carpeta a dos colores: azul y rojo-. Horrach no será, previsiblemente, tan duro con él. Su caballo de batalla es Diego Torres, pero su testimonio, sí abarcará toda una jornada.
La Infanta, en el aire y 'exprés'
| La Infanta afronta su tercera semana en el banquillo |
Si, finalmente, su marido solamente declara durante el jueves, la Infanta Cristina sí conseguiría someterse al interrogatorio este viernes. Algo que al comienzo de la jornada del martes parecía poco probable para sus letrados, pero que a última hora de la tarde no era descartable.
Su estrategia pasa por no responder a quien le acusa, Manos Limpias. Pero atención, porque su paso por el micrófono de la sala podría ser especialmente breve. Si no responde a las preguntas de la acusación popular, tampoco parece lógico que responda a las de quienes no han presentado cargos contra ella. Es decir, hasta este momento, la Infanta se estaría planteando no contestar más que a sus letrados, ni siquiera responder al Fiscal Horrach que sí había preparado algunas preguntas para la hermana del Rey Felipe VI.
La "cortesía" con Alfonso GrauEl exvicealcalde de Valencia ha sido el otro gran protagonista del día. Recién liberado tras su detención en su domicilio por un presunto delito de cohecho, Alfonso Grau ha llegado tranquilo y silencioso a la EPAB donde se celebra el juicio Nóos. Dentro de la sala ha recibido muestras de afecto de sus compañeros de banquillo, incluida la Infanta Cristina que se ha acercado a darle la mano. Él lo enmarca en los "gestos de cortesía" de quienes comparten "muchísimas horas" de declaración.
Con la cabeza probablemente en otra parte, Grau ha estado a lo largo de las ocho horas de la sesión de este martes, jugueteando con el teléfono móvil, su corbata y la libreta con la que ha entrado en la sala.
17 de febrero de 2016
Diario Nóos. El alivio de la Infanta
Marco Antonio Tejeiro no tiene ningún interés en tirar piedras sobre el tejado de la Infanta. No lo necesita ni supondría para él una reducción mayor de la pena. Lo tiene claro desde que decidió tirar de la manta en 2014. Eso lo sabía el abogado de Cristina de Borbón quien, por primera vez en lo que llevamos de juicio, decidió intervenir para remarcarlo.
Para él la Fiscalía pide 8 años de prisión. No está arrepentido, al contrario, defiende que los contratos- "eventos de patrocinio" y, por tanto, exentos de concurso, según él-, se ajustaron a los intereses públicos de CACSA y que, en todo momento, contaron con el visto bueno y supervisión de los servicios jurídicos que, según Vela, "son de lo mejorcito". Las tres ediciones de Valencia Summit-que contaron, por cierto, con un canon pagado a Nóos para que se encargaran de su organización-, han sido justificadas por Jorge Vela por su éxito para la promoción de la comunidad y de CACSA. Las condiciones, ha contado Vela, le venían dadas del primer convenio que no negoció él. Vela ha descargado toda la responsabilidad en sus superiores: Elisa Maldonado, exdirectora de Gestión de CACSA, y en Luis Lobón, exsecretario de Turismo de la Generalitat Valenciana. "Todo tenía el visto bueno de la superioridad", sentencia.
El "contable" de Nóos aseguró haber visto a la Infanta "dos veces en mi vida" y negó haberle entregado una factura, enviado algún mail o haber recibido/enviado orden de ningún tipo. Ajena a la toma de decisiones de Nóos y de Aizoon, donde Tejeiro también se dedicaba a recopilar facturas. Hasta ahí, todo bien. Todo dentro del guión previsto. Manos Limpias, que quiso barrer para casa, interpeló al "contable" por los tejemanejes dentro de la sociedad que comparten los exduques de Palma. Sacó a relucir las facturas y así descubrimos, en boca de Tejeiro, cómo eran los escoltas de estos los que se encargaban de entregar los tickets, que a veces adelantaban el dinero de los exduques, y que el matrimonio Urdangarin Borbón intentaba colar todo tipo de gastos, los normales y deducibles, y los que no: la compra de la saga de Harry Potter, un centro de flores para Julita Cuquerella, viajes privados (Safari por África incluído) o sesiones de peluquería. Los escoltas le entregaban el compendio de tickets grapado, algunos con las siglas "S.E." anotadas al margen ("Su Excelencia", aclara Tejeiro). Todo metido en un sobre y el "contable", con la firma correspondiente de Iñaki Urdangarin o Mario Sorribas, le entregaba el dinero a la secretaria personal del exduque de Palma, Julita Cuquerella. Los gastos se hacían con las dos únicas tarjetas VISA que registraba Aizoon: una para el uso de Iñaki Urdangarin y otra para el de la Infanta Cristina.
Y entró Pau Molins en escena. Para despejar dudas, quiso que Tejeiro especificara cuántos gastos se cargaron a cuenta de la tarjeta de su defendida: "pocos", contestó el extrabajador de la sociedad. "Y recibió alguna vez alguna orden o gestión en Aizoon, algún requerimiento de pago o ingresos por parte de Dña. Cristina de Borbón?", inquirió Molins. "Nunca", finiquitó Tejeiro.
Y el último "capote" dejó en entredicho la declaración ante el juez del notario de Nóos. Como testigo, afirmó ante Castro durante la instrucción, que el tándem Torres-Urdangarin se sirvió de la Infanta Cristina como "escudo fiscal", como colchón de seguridad para que Hacienda no pudiera tocar sus actividades irregulares. Marco A. Tejeiro metió la muleta: "mintió" y explicó que fue por la enemistad que, ya entonces, había entre su hermano, Miguel Tejeiro, y dicho notario, Carlos Masía. Este declaró como testigo en 2013, y su declaración fue uno de los argumentos de peso para el juez Castro en su justificación para inculpar a la Infanta Cristina. Esta, por cierto, cuando declaró entonces y ante la pregunta del magistrado, ya declaró que ni le constaba "ni lo hubiese aceptado", y añadió, tajante, "casi me ofende, Señoría".
Si la declaración del notario fue, efectivamente, inventada y provocada por esa enemistad con Miguel Tejeiro (al que, según su hermano, "amenazaron" para declarar a su favor en un juicio), disipa buena parte de dudas sobre la Infanta, además de complicar judicialmente a Masía, que habría incurrido, de ser así, en un delito de perjurio.
El abogado de Diego Torres, arremete contra el "contable"Marco A. Tejeiro era farmacéutico. No tenía más formación en contabilidad que un curso gratuito. "No tomaba decisiones", insistió. González Peeters, abogado de Diego Torres, intervino con su estilo habitual, intentando trastocar la tranquilidad imperturbable de Tejeiro. Sacó a relucir un currículo elaborado por el propio Tejeiro en el año 2008 en el que se definía, entre otras cosas, como director de Instituto Nóos. "Está inflado", reconoció Tejeiro quien, además, manifestó que fue Diego Torres quien se encargaba de adornar su tarjeta profesional con cargos en inglés con el fin de dar "una apariencia de la empresa más desarrollada".
El bloque valencianoEl interrogatorio de ayer se completó con el testimonio de Jorge Vela, exdirector general de la Ciudad de las Artes y las Ciencias (CACSA) de Valencia. Con un tono "hostil", reprendido hoy por el Tribunal, respondió a las preguntas de la fiscal Ana Lamas, sobre los contratos de Nóos con la administiración valenciana por los que se embolsaron hasta 3,6 millones de euros.
Para él la Fiscalía pide 8 años de prisión. No está arrepentido, al contrario, defiende que los contratos- "eventos de patrocinio" y, por tanto, exentos de concurso, según él-, se ajustaron a los intereses públicos de CACSA y que, en todo momento, contaron con el visto bueno y supervisión de los servicios jurídicos que, según Vela, "son de lo mejorcito". Las tres ediciones de Valencia Summit-que contaron, por cierto, con un canon pagado a Nóos para que se encargaran de su organización-, han sido justificadas por Jorge Vela por su éxito para la promoción de la comunidad y de CACSA. Las condiciones, ha contado Vela, le venían dadas del primer convenio que no negoció él. Vela ha descargado toda la responsabilidad en sus superiores: Elisa Maldonado, exdirectora de Gestión de CACSA, y en Luis Lobón, exsecretario de Turismo de la Generalitat Valenciana. "Todo tenía el visto bueno de la superioridad", sentencia.
15 de febrero de 2016
Diario Nóos. La clave: el contable
Marco Antonio Tejeiro tiene una voz casi inaudible. Un hilillo átono que sería imperceptible, de no ser por lo destructivo del contenido. Tan inexpresivo como aplastante en su discurso, aunque este se limite a un "no", "sí" o "todo ficticio".
Tejeiro empezó como contable, aunque poco a poco fue mutando en administrativo. Era el más débil y por eso la Fiscalía supo que, si alguien terminaba cantando, iba a ser él. Su testimonio es clave porque, como parte del meollo Nóos, explica en qué consistía el entramado. Las pruebas y los argumentos. Básicamente, había que cruzar facturas entre las distintas sociedades pantalla "para colarlas" a las administraciones, contratar trabajadores fantasma para conseguir subvenciones públicas y poner a salvo el dinero, a ser posible en paraísos fiscales. Esto último le costó Dios y ayuda a Tejeiro, que no sabe inglés. Por eso se hizo unos croquis que pasó a limpio, para empaparse bien de cómo se abrían las cuentas en Luxemburgo y Londres, qué ventajas tenía y cómo mover la pasta. Croquis que se fueron mostrando, uno a uno, en la maratoniana declaración que está prestando.
Horrach no ha terminado con él, para desesperación de muchos en la sala, -Alfonso Grau, exvicealcalde de Valencia, resopla y repite "esto es insoportable" desde su asiento de investigado, sin pudor alguno-. Nadie entiende por qué es tan minucioso en todas y cada una de las facturas, de los mails cruzados, de los croquis y los tachones. Ni el propio Tejeiro parece entenderlo, que pide, a veces con un atisbo de hastío, un descanso. Detrás, Diego Torres, menea la cabeza y taladra su Moleskine. Él sí se huele la tostada: que la maniobra pasa por culpar única y exclusivamente en Nóos a quienes eran los jefes "al 50%"; él (D. Torres) e Iñaki Urdangarin.
Pero la Fiscalía va más allá. Ninguno de esos papeles o facturas implican a la Infanta Cristina. Salpican, sí, a Aizoon, pero dejan al margen a la hermana del Rey. Esa es la otra jugada de Horrach, dar su golpe en la mesa para decir: "señorías (Tribunal y Juez José Castro), se salieron con la suya, pero de aquí no va a pasar". Eso parece. Que Tejeiro ha cavado la tumba de su cuñado y el exduque, pero que le dará alas a una Infanta que intuye (y su buen rostro, cada vez más relajado, lo demuestra) que de esta sí va a librarse.
Tejeiro empezó como contable, aunque poco a poco fue mutando en administrativo. Era el más débil y por eso la Fiscalía supo que, si alguien terminaba cantando, iba a ser él. Su testimonio es clave porque, como parte del meollo Nóos, explica en qué consistía el entramado. Las pruebas y los argumentos. Básicamente, había que cruzar facturas entre las distintas sociedades pantalla "para colarlas" a las administraciones, contratar trabajadores fantasma para conseguir subvenciones públicas y poner a salvo el dinero, a ser posible en paraísos fiscales. Esto último le costó Dios y ayuda a Tejeiro, que no sabe inglés. Por eso se hizo unos croquis que pasó a limpio, para empaparse bien de cómo se abrían las cuentas en Luxemburgo y Londres, qué ventajas tenía y cómo mover la pasta. Croquis que se fueron mostrando, uno a uno, en la maratoniana declaración que está prestando.
Horrach no ha terminado con él, para desesperación de muchos en la sala, -Alfonso Grau, exvicealcalde de Valencia, resopla y repite "esto es insoportable" desde su asiento de investigado, sin pudor alguno-. Nadie entiende por qué es tan minucioso en todas y cada una de las facturas, de los mails cruzados, de los croquis y los tachones. Ni el propio Tejeiro parece entenderlo, que pide, a veces con un atisbo de hastío, un descanso. Detrás, Diego Torres, menea la cabeza y taladra su Moleskine. Él sí se huele la tostada: que la maniobra pasa por culpar única y exclusivamente en Nóos a quienes eran los jefes "al 50%"; él (D. Torres) e Iñaki Urdangarin.
Pero la Fiscalía va más allá. Ninguno de esos papeles o facturas implican a la Infanta Cristina. Salpican, sí, a Aizoon, pero dejan al margen a la hermana del Rey. Esa es la otra jugada de Horrach, dar su golpe en la mesa para decir: "señorías (Tribunal y Juez José Castro), se salieron con la suya, pero de aquí no va a pasar". Eso parece. Que Tejeiro ha cavado la tumba de su cuñado y el exduque, pero que le dará alas a una Infanta que intuye (y su buen rostro, cada vez más relajado, lo demuestra) que de esta sí va a librarse.
12 de febrero de 2016
Diario Nóos. Matas a flote. Urdangarin y Torres, a pique
Matas es imprevisible, hasta cuando se ajusta al guión marcado. A lo mejor por eso, y a pesar de que ya había pactado reconocer su responsabilidad en la contratación de los servicios de Urdangarin, los letrados (incluído Horrach), esperaban cualquier cosa del expresident.
No ha defraudado Matas. Ha tirado de su labia y de su dominio de los medios, las pausas y los tonos, para dejar en mal-aún más- lugar al exduque. Cómo pensar que alguien como Urdangarin iba a "hacer cualquier cosa extraña". Imposible. Cómo no plegarse a sus exigencias.Y si lo hizo, ha venido a vender Matas, fue por los ciudadanos, porque a las islas le venía de perlas reforzar los vínculos con la Casa Real. Porque Urdangarin levantaba el teléfono y se lo cogía todo el mundo. Porque les dio "donde más nos dolía".
Y tanto.
Del interrogatorio rápido e intenso del exministro de Aznar, me quedo con varias cosas. Por un lado, la ambición de Urdangarin, capaz de ambientar la exigencia de una comisión por sus servicios en 'territorio Real', el Palacio de Marivent. Su facilidad para recordarle que él, duque de Palma, podría conseguir llevar a la Isla "a quien quieras". Urdangarin ambicioso.
Por otro lado, Matas ha humillado a Pepote Ballester, a quien encumbró del podio al despacho. El exdirector de Deportes que, según Matas, "estaba como loco" por tener buena relación con la Familia Real, marcaba territorio: "Tenía la exclusividad de la amistad con Urdangarin". Él, Pepote, tenía competencias -según Matas- para revisar las cuentas y la ejecución.. y no lo hizo. Balones (y delito de malversación), fuera. Y, de paso, apostilla que un desconocido de Instituto Nóos hizo el trabajo que el director balear de Deportes no supo desempeñar.
Y por último, Matas ha defendido el precio (desorbitado e hinchado) de los contratos con Instituto Nóos (2,6 millones de euros en total). Bien pagado estaba, aunque los proyectos se cerraran en partidas de pádel o tras brillantes exposiciones sin papeles siquiera.
Marco Antonio Tejeiro había cerrado su pacto. El contable de Nóos, que no ha podido terminar un tedioso interrogatorio plagado de mails, facturas y papeles manuscritos, ha dejado con el culo al aire al tándem Torres-Urdangarin. Pintaban tanto el uno como el otro, ha dicho. Fue Torres, su cuñado, el que le daba la orden de falsificar facturas "por si colaban". Así, cruzaban las de Valencia en Baleares y se inventaban conceptos.
Tejeiro ha descrito el funcionamiento de Nóos, que pasaba por intentar vaciar las cuentas del Instituto para llevárselo al bolsillo. No al suyo. El dinero de la entidad sin ánimo de lucro -eso debía ser-, salía de allí camuflado en nóminas de empleados fantasma. Y luego, un clásico que nunca muere: los sobres. Marco Tejeiro introducía los cheques en ellos y los repartía en persona. A Diego Torres y a Iñaki Urdangarin. Dinero negro, de toda la vida.
No sólo eso, también se creó una red societaria compleja, plagada de sociedades interpuestas, para terminar sacando el dinero a paraísos fiscales. Quien tuvo cuenta, al menos, fue Diego Torres. O esa fue la intención. El destino, Luxemburgo.
Y así iba abofeteando a los protagonistas a golpe de facturas.El "no existió" se repetía una y otra vez, al tiempo que Urdangarin se colocaba sus gafas amarillas para ver en negro sobre blanco su cruz, mientras su mujer, la Infanta Cristina, anotaba en unos papelillos improvisados todo aquello relacionado con su empresa (la que comparte con su marido), Aizoon, y por la que está sentada en el banquillo.
Esto va deprisa, hasta el punto de que las declaraciones que quedan ,se adelantan (al próximo viernes la Infanta, al 23 y 24, Torres y Urdangarin). Las horas van fortaleciendo también los lazos que están empezando a formarse en la sala. El abogado experto en sociedades en paraísos fiscales, Salvador Trinxet, con la Infanta (con la que comparte caramelos para la tos), o las confidencias entre Torres y Urdangarin, mostrando el profesor al alumno las webs de periódicos que hablan sobre ellos durante la vista, y compartiendo gusto por las Moleskine (roja la de Torres, negra la de Urdangarin).
Y mañana veremos si, esta vez, González-Peeters puede terminar un interrogatorio sin tener polémica con la juez Samantha Romero. Hoy la magistrada ha conseguido descentrarle y echar a perder su estrategia con Matas. Si algo ha quedado claro en estas tres jornadas, es que Romero no tiene inconveniente en cortar y desesperar a los letrados, echando un capote, indirectamente, en algunos momentos a los investigados, que consiguen eludir preguntas que tendrían jugosas respuestas.
No ha defraudado Matas. Ha tirado de su labia y de su dominio de los medios, las pausas y los tonos, para dejar en mal-aún más- lugar al exduque. Cómo pensar que alguien como Urdangarin iba a "hacer cualquier cosa extraña". Imposible. Cómo no plegarse a sus exigencias.Y si lo hizo, ha venido a vender Matas, fue por los ciudadanos, porque a las islas le venía de perlas reforzar los vínculos con la Casa Real. Porque Urdangarin levantaba el teléfono y se lo cogía todo el mundo. Porque les dio "donde más nos dolía".
Y tanto.
Del interrogatorio rápido e intenso del exministro de Aznar, me quedo con varias cosas. Por un lado, la ambición de Urdangarin, capaz de ambientar la exigencia de una comisión por sus servicios en 'territorio Real', el Palacio de Marivent. Su facilidad para recordarle que él, duque de Palma, podría conseguir llevar a la Isla "a quien quieras". Urdangarin ambicioso.
Por otro lado, Matas ha humillado a Pepote Ballester, a quien encumbró del podio al despacho. El exdirector de Deportes que, según Matas, "estaba como loco" por tener buena relación con la Familia Real, marcaba territorio: "Tenía la exclusividad de la amistad con Urdangarin". Él, Pepote, tenía competencias -según Matas- para revisar las cuentas y la ejecución.. y no lo hizo. Balones (y delito de malversación), fuera. Y, de paso, apostilla que un desconocido de Instituto Nóos hizo el trabajo que el director balear de Deportes no supo desempeñar.
Y por último, Matas ha defendido el precio (desorbitado e hinchado) de los contratos con Instituto Nóos (2,6 millones de euros en total). Bien pagado estaba, aunque los proyectos se cerraran en partidas de pádel o tras brillantes exposiciones sin papeles siquiera.
El contable remata a los socios
Marco Antonio Tejeiro había cerrado su pacto. El contable de Nóos, que no ha podido terminar un tedioso interrogatorio plagado de mails, facturas y papeles manuscritos, ha dejado con el culo al aire al tándem Torres-Urdangarin. Pintaban tanto el uno como el otro, ha dicho. Fue Torres, su cuñado, el que le daba la orden de falsificar facturas "por si colaban". Así, cruzaban las de Valencia en Baleares y se inventaban conceptos.
Tejeiro ha descrito el funcionamiento de Nóos, que pasaba por intentar vaciar las cuentas del Instituto para llevárselo al bolsillo. No al suyo. El dinero de la entidad sin ánimo de lucro -eso debía ser-, salía de allí camuflado en nóminas de empleados fantasma. Y luego, un clásico que nunca muere: los sobres. Marco Tejeiro introducía los cheques en ellos y los repartía en persona. A Diego Torres y a Iñaki Urdangarin. Dinero negro, de toda la vida.
No sólo eso, también se creó una red societaria compleja, plagada de sociedades interpuestas, para terminar sacando el dinero a paraísos fiscales. Quien tuvo cuenta, al menos, fue Diego Torres. O esa fue la intención. El destino, Luxemburgo.
Y así iba abofeteando a los protagonistas a golpe de facturas.El "no existió" se repetía una y otra vez, al tiempo que Urdangarin se colocaba sus gafas amarillas para ver en negro sobre blanco su cruz, mientras su mujer, la Infanta Cristina, anotaba en unos papelillos improvisados todo aquello relacionado con su empresa (la que comparte con su marido), Aizoon, y por la que está sentada en el banquillo.
Esto va deprisa, hasta el punto de que las declaraciones que quedan ,se adelantan (al próximo viernes la Infanta, al 23 y 24, Torres y Urdangarin). Las horas van fortaleciendo también los lazos que están empezando a formarse en la sala. El abogado experto en sociedades en paraísos fiscales, Salvador Trinxet, con la Infanta (con la que comparte caramelos para la tos), o las confidencias entre Torres y Urdangarin, mostrando el profesor al alumno las webs de periódicos que hablan sobre ellos durante la vista, y compartiendo gusto por las Moleskine (roja la de Torres, negra la de Urdangarin).
Y mañana veremos si, esta vez, González-Peeters puede terminar un interrogatorio sin tener polémica con la juez Samantha Romero. Hoy la magistrada ha conseguido descentrarle y echar a perder su estrategia con Matas. Si algo ha quedado claro en estas tres jornadas, es que Romero no tiene inconveniente en cortar y desesperar a los letrados, echando un capote, indirectamente, en algunos momentos a los investigados, que consiguen eludir preguntas que tendrían jugosas respuestas.
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