Marco Antonio Tejeiro tiene una voz casi inaudible. Un hilillo átono que sería imperceptible, de no ser por lo destructivo del contenido. Tan inexpresivo como aplastante en su discurso, aunque este se limite a un "no", "sí" o "todo ficticio".
Tejeiro empezó como contable, aunque poco a poco fue mutando en administrativo. Era el más débil y por eso la Fiscalía supo que, si alguien terminaba cantando, iba a ser él. Su testimonio es clave porque, como parte del meollo Nóos, explica en qué consistía el entramado. Las pruebas y los argumentos. Básicamente, había que cruzar facturas entre las distintas sociedades pantalla "para colarlas" a las administraciones, contratar trabajadores fantasma para conseguir subvenciones públicas y poner a salvo el dinero, a ser posible en paraísos fiscales. Esto último le costó Dios y ayuda a Tejeiro, que no sabe inglés. Por eso se hizo unos croquis que pasó a limpio, para empaparse bien de cómo se abrían las cuentas en Luxemburgo y Londres, qué ventajas tenía y cómo mover la pasta. Croquis que se fueron mostrando, uno a uno, en la maratoniana declaración que está prestando.
Horrach no ha terminado con él, para desesperación de muchos en la sala, -Alfonso Grau, exvicealcalde de Valencia, resopla y repite "esto es insoportable" desde su asiento de investigado, sin pudor alguno-. Nadie entiende por qué es tan minucioso en todas y cada una de las facturas, de los mails cruzados, de los croquis y los tachones. Ni el propio Tejeiro parece entenderlo, que pide, a veces con un atisbo de hastío, un descanso. Detrás, Diego Torres, menea la cabeza y taladra su Moleskine. Él sí se huele la tostada: que la maniobra pasa por culpar única y exclusivamente en Nóos a quienes eran los jefes "al 50%"; él (D. Torres) e Iñaki Urdangarin.
Pero la Fiscalía va más allá. Ninguno de esos papeles o facturas implican a la Infanta Cristina. Salpican, sí, a Aizoon, pero dejan al margen a la hermana del Rey. Esa es la otra jugada de Horrach, dar su golpe en la mesa para decir: "señorías (Tribunal y Juez José Castro), se salieron con la suya, pero de aquí no va a pasar". Eso parece. Que Tejeiro ha cavado la tumba de su cuñado y el exduque, pero que le dará alas a una Infanta que intuye (y su buen rostro, cada vez más relajado, lo demuestra) que de esta sí va a librarse.
juicio
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10 de febrero de 2016
Diario Nóos. El arrepentido Pepote.
El deporte unió a Pepote Ballester con la realeza, la política y también con el delito. El que fuera Director General de Deportes del gobierno de Jaume Matas ha 'cantado' en la primera sesión de declaraciones por el caso Nóos.
A nadie debería pillarle por sorpresa el testimonio dado hoy por Ballester. Hace años que cerró el acuerdo con la Fiscalía. La leucemia crónica que le diagnosticaron en febrero de 2010 le despertó las ganas de contar su verdad y, por otra parte, de dejar vendido a quien fue su mentor político, Jaume Matas.
Ballester sabía que su pacto podría salvarle de una larga pena en prisión y que, de la amistad que forjó con Urdangarin en los cuartos de la residencia Blume, ya no quedaba más que el recuerdo olímpico. El exduque se la fulminó a golpe de llamada para reclamar 'su dinero'. Y se acabó la amistad, no así la del actual Rey, Felipe VI, con quien se seguía encontrando en la isla hasta que la ponzoña Nóos terminó por consumirlo todo.
La Fiscalía puso sobre la mesa treinta y siete preguntas y en unas "seis u ocho reuniones", según Ballester, se consumó el destape. Al exdirector de Deportes no le gustó que algunos, al estallar el escándalo, se empeñaran en "confundir y faltar a la verdad". A Pepote se le ha quebrado la voz. Y no ha sido admitiendo que se firmaron actas ficticias de la Junta que él presidía de la Fundación Illesport (la gran valedora del Instituto Nóos), ni siquiera cuando se dio cuenta de que su amigo medallista le había "utilizado para llegar a Matas". Lo que Ballester no podía tolerar es que su familia (su padre) y él mismo, tuvieran que soportar, leer y escuchar que quisieron saquear las arcas públicas baleares. Habrá delito, pero que no me difamen, oiga. Ahí se le rasga la voz a Pepote y coge carrerilla para decir que Matas daba las directrices y que, en el Govern, nadie las cuestionaba. Así, "el objetivo era contratar a Urdangarin y a todo lo que viniera de él sin discutir el precio". Nadie concebía que los trabajos no llevaran el sello del duque y todos tragaron con "vestir el santo", falsificando actas de la Junta de Illesport por reuniones que, como algunos trabajos de Nóos, nunca existieron. La orden venía de Matas, y allí, chitón. El gobierno balear sólo dejó de apoquinar cuando Urdangarin desaparece -pero no- del escaparate del Instituto. Ahí sí que Pepote cuestionó la orden de Matas. Ahí, sí, se rompió la amistad con el exduque, que en 2007, y a pesar de que ya ni organizó el segundo Forum de Islas Baleares, tiró de teléfono para presionar a su otrora amigo con el fin de que le dieran la pasta prometida.
José Luis, Pepote, Ballester fue a las negociaciones con los fiscales, dice, "a pecho descubierto" y por delante se ha llevado a un Urdangarin ambicioso y a un Matas que también busca un pacto que alivie el batallón de causas abiertas por corrupción. Difícil lo va a tener. El dedo- el suyo- que nombró a Pepote, le ha golpeado en la cara como un boomerang, y ahora le señala a él como culpable. Ya veremos si las notas que no ha parado de escribir el expresident durante la sesión, no terminan endosándole el muerto a otro más poderoso.
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