Generalitat Valenciana
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16 de abril de 2016

Diario Nóos: La traca valenciana también era esto

Y Valladolid se coló en el mapa valenciano. Las agallas, los tacones, las californianas y la eterna sonrisa llegaban poquito antes de las nueve a Son Rossinyol. Como siempre, con el tiempo justo pero suficiente para atender a la prensa. Lo peor, pensó, había pasado el día anterior y ella ya está acostumbrada a "las campañas de desprestigio". Su nombre, aunque no el de Manos Limpias, había conseguido mantener el problema a cierta distancia. Con suerte, el Francisco Camps al que estamos hechos le haría el favor de desplazar definitivamente la peste.
Pero lo que no sabía Virginia López Negrete era que después de su desayuno con vistas al mar, todo iba a ir cuesta abajo. Miguel Bernad, su cliente, el mandamás y alma mater de Manos Limpias, las pasaba canutas porque unos agentes de la UDEF le pintaban en la cara la duda de la extorsión. Lo que no sabía Negrete, aún a esa hora, era que la defensa de la Infanta -a través del explosivo Pau Molins-le iba a arrojar a la cara todas las miguitas de pan que durante el juicio oral habían ido dejando por el camino: que la extorsión no se queda en Madrid, sino que se hizo carne en Palma. Molins, que ayer parecía el escogido para estrellarse en pro del infantismo, soltó la bomba y proclamó a los cuatro vientos que Manos Limpias le propuso pagar "una cantidad desorbitada de dinero", a cambio de retirar la acusación sobre Cristina de Borbón. Una vez activado el aspersor de mierda, los pasillos del juzgado improvisado (la EPAB) durante los recesos parecían un sketch de Benny Hill. Periodistas para arriba y para abajo, abogados quemando el móvil, conversaciones de esquina. "¿Y Virginia? ¿dónde está Virginia?". La letrada se hacía fuerte dentro de la sala, sin querer salir a pesar de los compromisos que tenía con algunos periodistas. Consciente de la gravedad del asunto y de que su castillito, construído a base de tesón durante los años de instrucción y durante este juicio oral, cincelado gracias al juez Castro y los medios de comunicación se podía venir abajo. Que, ahora, desmarcarse de Manos Limpias se antojaba bien complicado, que su presa iba a conseguir salirse del punto de mira. Que la Infanta Cristina podría dejar vacío el banquillo de acusados, no gracias a la Fiscalía, a Hacienda ni a su (a veces torpe) defensa, sino por un gol en propia puerta. Y, como pollo sin cabeza, buscaba consejo (de algún periodista/amigo, incluso) e intentaba el imposible: la empatía de un tribunal que ya ha demostrado sobradamente que si algo le caracteriza, de momento, es su distancia, frialdad e imparcialidad. 
A tres minutos del fin del receso algunos pudimos sacar en claro algunas cosas: que si hubo intento de extorsión a la Infanta Cristina no se puso en conocimiento de la Fiscalía balear, lo que deja la historia en el tejado de la Audiencia Nacional. Que lo de que 'lo que haga tu mano izquierda, no lo sepa la derecha' se ejecuta a la perfección en el equipo de defensa de la Infanta y que, desde ya, López Negrete no depende de sí misma. 
Al final de la jornada, la letrada tiró del 'dientes, dientes' (sabe que no hay nada peor que mostrarle debilidad al enemigo) y quiso advertir de que ella va a "llegar hasta el final" en este juicio y que no va a "permitir que la Infanta se vaya de rositas". Pero sabe que está vendida. Aunque no lo diga, aunque aún se permita el lujo de brindar en su balcón frente al mar. 

A todo esto, mientras, a algún lugar de Ginebra llegó un ramo de flores inesperado. Habrá que recordarle a su dueña que, cortadas, duran más bien poco. 

Mientras tanto, Camps

Qué pena, porque mira que da juego este hombre. De no haber sido por Manos Limpias, lo de Francisco Camps ayer era un caramelo periodístico. El expresident de la Generalitat se puso el traje de luces y toreó. 
La fiscal Ana Lamas estuvo soberbia, sin dejarse arrinconar por el político (lo será siempre), dejando en evidencia que aunque iba de testigo (y obligado, por tanto, a decir la verdad), su relato era poco creíble. En resumen, que no sabía en calidad de qué acudía Iñaki Urdangarin a Valencia. Por no conocer, aseguró no tener nada que ver con las ediciones Valencia Summit, y eso que el dinero de sus valencianos se fueron en tres ediciones del mismo y que él mismo participó en dos de ellas. "Ya, claro", apostillaba Lamas.
Camps se refería al Caso Nóos constantemente como "el lío este". Subestimando los más de tres millones de euros que ese lío se perdieron por el camino. Obviando que un buen puñado de subalternos están en el banquillo por ese lío. No le preocupaba a Camps los contratos firmados con el Instituto Nóos, del que no escuchó hablar, porque su comunidad era entonces lo más. "Todo lo que pasaba en Valencia entonces tenía una gran repercusión", porque ustedes no lo saben y yo tampoco pero el centro del universo estaba allí. Sin exagerar, oiga. Tanto es así, que el hecho de que el duque de Palma (entonces), yerno del Rey de España (entonces), medallista olímpico y miembro del COE, era uno más: "Personalidades como la del Señor Urdangarin recibía a centenares".  De nada ha servido que la trama valenciana del caso, en bloque, haya intentado defender que los proyectos de Nóos se consideraron poco menos que vitales para la proyección de turismo y deporte en la Comunidad Valenciana.
A Francisco Camps, sin embargo, sí le interesaba destacar algo. Los Juegos Europeos. Bueno, los 'no Juegos Europeos', que nunca se celebraron. ¿Cómo es posible que ese evento SÍ lo recordara el expresident? ¿por qué tanta importancia?. No fue por la carta que el presidente del COE le envió y se empeñó en leer. Fue porque le venía bien para tirar el dardo a otro expresidente, Alberto Ruiz-Gallardón. Para el valenciano, los Juegos Europeos no se celebraron no por culpa de los dos millones de euros en facturas injustificables de Nóos. No. No se celebraron porque Madrid no quiso, porque Gallardón se empeñó en intentar en tres ocasiones sin éxito la sede olímpica "y nadie dice nada". Y ellos, como buenos hermanos, les dejaron "por patriotismo, por españolidad". 
Dos orejas, rabo y vuelta al ruedo.


14 de abril de 2016

Diario Nóos: órdago a grande

Había que tener la misma cara que valor en la época de derroche valenciano, tanto para pedir como para no dar. Y ambas cosas tuvieron sus consecuencias. Este miércoles declaraba la ex subsecretaria de Presidencia del Consell, Isabel Villalonga, y dejaba claro, con su "voz fuerte" y de fumadora empedernida, que gasta un buen par de agallas. Su actuación se enmarca en los fallidos Juegos Europeos. Uno de los proyectos que Urdangarin y Torres querían llevar a cabo en la Comunidad Valenciana, para los que estaba previsto una partida de 6 millones de euros. Un filón. El chollo se frustra porque aquí, en contra de lo que había ocurrido con los Valencia Summit, los socios se toparon con tres mujeres que dijeron tararí a las facturas que el Instituto Nóos quería colar. Esas facturas, que llegaron por mensajería en unas cajas, casi todas de golpe, "no tenían soporte documental". Vamos, que no había por donde cogerlas. Si pretendían cobrar casi 400.000 euros por un estudio de disciplinas deportivas y honorarios de especialistas, no aportaban ni documentación del estudio en cuestión ni tampoco soporte alguno de los asistentes (como en el caso de las 24 facturas que quiso colar una de las marcas de Nóos, Shiriaimasu). Y así una tras otra, hasta el punto que de tres millones de euros en facturas, Villalonga le dio boleto a casi medio centenar, de tal modo que únicamente se les abonó 382.203 euros. 'Únicamente' es un decir, no olvidemos que fue un proyecto frustrado.
Villalonga sabía que el cumplimiento de su trabajo y su rechazo a las facturas que no tenían ni pies ni cabeza, iba a acarrear consecuencias y por eso se cubrió la espalda. "No es muy normal rechazar dos millones de euros. Como sabía que me iban a preguntar me hice un guión" apuntando las justificaciones del rechazo a las facturas: "es que dirían 'o esta se ha vuelto loca' o me cortan la cabeza". Y así fue. Su superior, el entonces vicepresidente  Víctor Campos levantó el teléfono rojo "me preguntó qué problema había con la facturación del Instituto Nóos, yo le conté y él me dijo 'pues vale'". Dieron en hueso.

Rambla y su fascinación por el duque

El exvicepresidente de la Generalitat llegó enfundado en los impecables trajes azules que tanto se llevan en el bloque valenciano del Caso Nóos. Vicente Rambla se reunió en dos ocasiones con Urdangarin y Torres. La primera, el 30 noviembre de 2007, en un hotel de Castellón. Ahí, el vicepresidente de una comunidad autónoma sufrió la fascinación que produce el entorno Real en algunos. Rambla no recordaba muchas cosas de la conversación (a pesar de que tenía que ver con su puesto y la región a la que representaba), pero sí muy vívidamente llamó la atención fue "que el Señor Urdangarin llegó conduciendo el coche" y él pensaba que tendría chófer. "Tenía sentido que se hablara de los Juegos Europeos", pero eso no lo recuerda. Sí sabe que si esa reunión existió, no fue por su iniciativa. Sí lo fue, pero del Ayuntamiento de Valencia, concertar un segundo encuentro. En esta ocasión, unos meses más tarde, en la famosa comida en la que también estuvo la exalcaldesa, Rita Barberá. En esta comida se trataron "diferentes temas" pero "lo más notable de la comida fue la presencia de un miembro de la Casa Real" de quien pensaba, incluso, "que era miembro del COI".
Siguiendo estas premisas, cualquiera podría llegar a la conclusión de que el "Señor Urdangarin" acudía a esas reuniones con el aura de la realeza a cuestas y que ese era el motivo de que las puertas y las ventanas de los organismos valencianos se abrieran de par en par. Pues no. Vicente Rambla no podía salirse del guión marcado y así, a pesar de que todos sus argumentos delataban lo contrario, aseveró que el exduque "venía como consultor", no como miembro de la Casa Real.
Y como las mentiras tiene las mentiras muy cortas, un chimpún de Rambla explicando por qué nadie se preguntó en calidad de qué estaba allí Urdangarin. No hacía falta "Era un miembro de la Familia Real. No necesitaban apelativos". Y punto.





5 de marzo de 2016

Diario Nóos: La Infanta (des)confiada.


Llegó el día. Un trámite rápido, por favor, parecía pensar. El jueves 3 de marzo se agotaba con la declaración de Salvador Trinxet, que aunque se expresaba casi a la misma velocidad que la letrada de acusación de la Comunidad Valenciana, empezaba a resultar eterno. No porque su discurso no interesara, todo lo contrario, sino porque no había manera de quitarse la sensación de que el hombre de las presuntas sociedades interpuestas, actuaba de telonero.
Rozando las seis, con la sala de vistas más llena que nunca, el nombre de Doña Cristina Federica de Borbón y Grecia resonó, ella tomó aire, agarró el botellín de agua y, con decisión y a grandes pasos, se encaminó al trono de acusados. Para nada porque tampoco era su turno. Cinco minutos de receso. Disculpas del tribunal y a aguantar.
Para eso no había ensayado, para esos cinco minutos (que luego fueron once). Y así se vio a una mujer que se sentía más fuera de lugar que nunca, que no sabía si sentarse en su sitio, quedarse de pie, tras una columna, acercarse a su abogado o ir al excusado. Así que lo hizo todo.
Aún no había consumido el tiempo de descanso cuando ya ocupaba el asiento protagonista. Fue la escenificación total de su vida. Sola. Frente al vacío, su marido en la última fila. Ningún miembro de su familia alentando en la bancada de público, ni esperando fuera, como en las salas de llegadas del aeropuerto. Lo más que vio la Infanta que oliese a familia (y Real) lo tenía colgado en la pared. Tan frío como un marco, la mirada de su hermano Felipe VI, que ha presidido las declaraciones de todos, se perdió en la suya con la misma empatía. La de un marco.
Juntaba los dedos doña Cristina. Tamborileaba con ellos. Cruzaba las piernas y las descruzaba. Bebía agua. Y esperaba, en todos los sentidos.
El Tribunal se disculpó. Había sido un poco cruel pedirle que se sentara para levantarla inmediatamente y ella respondió con educación pero, tan bajo y tan para adentro, que los periodistas ya lamentábamos haber aguardado tantos años este momento para no poder anotar ni cuáles fueron los primeros murmullos de la primera infanta de España que se somete a un juicio.

"Gracias, Señoría, contestaré solamente a mi letrado". No respondió a la única parte que quiso verla ahí sentada, Manos Limpias. Sí lo hicieron sus miradas por ella. Desdén, sobre todo cuando la letrada Virginia López Negrete consignaba preguntas en las que se aludía, por ejemplo, a quienes cuidaban "de lo más preciado que tiene en la vida, como son sus hijos", esos empleados domésticos a los que, presuntamente, le expuso la letrada, habrían pagado con dinero negro. En la sala el resto de acusados y letrados sí murmuraron. Les pareció sucio. Y la jueza empezó a marcar las preguntas a consignar.

"Por la confianza que tenía en mi marido"

El abogado Pau Molins, escoltado por el simbólico Miquel Roca (que no abrió la boca), inició su interrogatorio de defensa. El bufete podría haber preferido hacer uso del derecho a hacer preguntas con respuestas tipo test. Sí, no, no sabe/no contesta. O tres, como González Peeters a Ana María Tejeiro. Pero no. Durante veinte minutos, y en una estrategia inteligente, formularon preguntas de defensa con toques de acusación, o más bien al revés. Y el resultado fue el retrato de una mujer confiada (entonces) y tradicional, si me apuran, casi sacada de un manual de la Sección Femenina: "Era mi marido el que se encargaba de los gastos familiares", luego, a medias con su esposo, ella se se centraba "en el cuidado de mis hijos" y en cuadrarlo con su agenda institucional.
¿Por qué aceptó formar parte al 50% de Aizoon? "Por confianza. Así me lo pidió mi marido y acepté". 
Pero ¿sabía cuál era el objeto de la sociedad? "Yo sólo sabía que canalizaba sus ingresos a través de Aizoon". 
Y, ¿cuál era su papel en la empresa?. Pues ninguno. Ni florero: "No, no tenía firma ni poderes" o sobre su capacidad de mando:"nunca he dado instrucciones a nadie".
O sobre la tarjeta VISA a su nombre:"la custodiaba él (Urdangarin)".
O en lo referido a las cuentas de la empresa: "Nunca he sabido cuáles eran los ingresos y gastos de Aizoon".
Ni siquiera recibía los extractos bancarios. Por negar, negó hasta charlar con su esposo, el mismo que afirmó haber hecho a la Infanta partícipe de Aizoon "por una cuestión de ilusión", sobre cómo iban los negocios. De eso, en determinados estratos sociales, está feo hablar, se ve: "No procedía. No eran temas que me interesase hablar con él. En esos años mis hijos eran muy pequeños y estábamos muy ocupados". Y punto. Y eso que Aizoon y el domicilio eran lo mismo, aunque claro, también hemos conocido en estas declaraciones que, en determinados estratos sociales, las casas son tan amplias que es posible entrar a la oficina de Aizoon en la casa de Pedralbes sin que la parienta se entere ni vea al visitante. Durante años. "Salía muy temprano de casa", justificó la Infanta.

Lo que falló
Los interrogatorios con la defensa se preparan. Es obvio, para eso están. Otra cosa son los nervios y cuando uno intenta justificar lo que tiene difícil explicación. Eso también ocurrió en el interrogatorio de doña Cristina.
Nos quedó claro que había cosas de las que no se ocupaba. El dinero era una de ellas, sin embargo, al ser preguntada por la contratación del servicio doméstico, si se les abonó con dinero negro, se mostró tajante: "Rotundamente, no".
Como su marido, habló de supervisión de la Casa Real. De su asesor, Carlos García Revenga, en el que confiaba, "ya no". No hablaba de temas de la sociedad con su marido pero, sin embargo, sí dijo haberse asesorado previamente: "No teníamos ninguna prohibición. Por supuesto, me asesoré por Carlos García Revenga y él, a su vez, por Federico Rubio". 
Tal vez los nervios le jugaron una mala pasada, pero un pequeño matiz se coló al ser preguntada por la VISA de Aizoon en la que se cargaron gastos personales. ¿Usó usted esa tarjeta VISA?, preguntó Molins que esperaba un "no" rotundo, redondo, sin matices. Pero no lo tuvo, más bien fue un 'no' abierto y flexible: "No recuerdo haber usado esa tarjeta". 'No recordar' no es lo mismo que 'no usar'. Como 'no recordar' está aún más lejos del "yo custodiaba la tarjeta VISA de mi esposa" que repitió y repitió su marido. Pau Molins estuvo al quite y repreguntó rápidamente "Pero ¿tenía usted la clave?" y ella volvió al redil: "no tenía clave". Respiro, a medias.
Mucho más clara con otra pregunta ensayada: ¿actuó como escudo fiscal?. Y respuesta: "En absoluto. Si me lo hubiesen propuesto, no habría aceptado". Y, como chimpún, una pregunta que no tenía pensado hacer Molins pero que sabía muy bien por qué la formulaba"¿Tiene usted o ha tenido cuentas en paraísos fiscales?". Ella tomó aire y enfiló la respuesta "No tengo cuentas en paraísos fiscales. En Suiza SÍ tengo una cuenta, porque resido allí". Una cuenta declarada.
Hasta las conclusiones, Señoría
Después de haber reconocido algún error (firmar en el contrato de autoalquiler, por ejemplo) y haber dejado sobre la mesa su diligencia a la hora de consignar fianzas en el juzgado, la Infanta finiquitó el trámite. Manda la educación y se despidió del Tribunal con un apretón de manos.
No hubo efusividad con su marido tras el trance. Apenas un brazo por la cintura. Algo rápido, no se crean. Iñaki Urdangarin hizo lo propio con las magistradas y se marcharon. Hasta las conclusiones, claro.
Lo peor, por ahora, ha pasado, pero aún queda por delante el discurso de los testigos. Ahí pueden venirse abajo varios argumentos dados por los exduques. Empezando por el servicio doméstico, siguiendo por los miembros de Casa Real (aquella) y terminando por Miguel Tejeiro, el hombre al que los socios de Nóos culpan.
Tendrá menos foco mediático pero es donde los investigados se la juegan. Ahí y en las periciales.
Eso sí será otra historia.



18 de febrero de 2016

Diario Nóos. El papel de Gerardo Camps

Luis Lobón era el responsable político de la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia. Por algo ostentaba el cargo de Secretario Autonómico de Eventos valenciano. Y, desde ayer, el último de los investigados en sumarse a la estrategia del bloque de la Generalitat en este juicio.
Lobón señaló y miró hacia arriba en la responsabilidad de la entrada del Instituto Nóos en la comunidad. Fue Gerardo Camps, afirmó, entonces Conseller de Economía, en un descanso durante el Consorcio de la Copa América, quien le habló de Diego Torres y quien le transmitió que este tenía una oferta interesante que hacerle. Y Lobón y Torres se encontraron. Ese encuentro tuvo lugar en el verano de 2004 y, ahí, Torres le expone su proyecto para celebrar el primer Valencia Summit. "No recuerdo haber visto un power point", reconoció Lobón, al que, sin embargo, le pareció "una propuesta interesante" y le pidió al Director General de CACSA que estudiara el asunto. Así se lo trasladó después, de nuevo, a Gerardo Camps, a quien reportó los detalles del encuentro con el socio del exduque de Palma.
¿Por qué no lo declaró ante el juez durante la instrucción, a pesar de que se le preguntó expresamente por ello?. "No lo consideré oportuno para mis intereses de defensa". Y volvió a defender el contrato-convenio con Nóos, como una oportunidad de promoción para la Comunidad Valenciana.
Hoy declara Alfonso Grau, exvicealcalde de Valencia y, entonces, responsable de Hacienda y Turismo en el consistorio que dirigía Rita Barberá. Con él se cierra el círculo valenciano y, tras su interrogatorio, las dudas. Que declare hoy la Infanta es un secreto que, parece, solamente conoce un Tribunal especialmente hermético.



17 de febrero de 2016

Diario Nóos. El alivio de la Infanta

Marco Antonio Tejeiro no tiene ningún interés en tirar piedras sobre el tejado de la Infanta. No lo necesita ni supondría para él una reducción mayor de la pena. Lo tiene claro desde que decidió tirar de la manta en 2014. Eso lo sabía el abogado de Cristina de Borbón quien, por primera vez en lo que llevamos de juicio, decidió intervenir para remarcarlo.
El "contable" de Nóos aseguró haber visto a la Infanta "dos veces en mi vida" y negó haberle entregado una factura, enviado algún mail o haber recibido/enviado orden de ningún tipo. Ajena a la toma de decisiones de Nóos y de Aizoon, donde Tejeiro también se dedicaba a recopilar facturas. Hasta ahí, todo bien. Todo dentro del guión previsto. Manos Limpias, que quiso barrer para casa, interpeló al "contable" por los tejemanejes dentro de la sociedad que comparten los exduques de Palma. Sacó a relucir las facturas y así descubrimos, en boca de Tejeiro, cómo eran los escoltas de estos los que se encargaban de entregar los tickets, que a veces adelantaban el dinero de los exduques, y que el matrimonio Urdangarin Borbón intentaba colar todo tipo de gastos, los normales y deducibles, y los que no: la compra de la saga de Harry Potter, un centro de flores para Julita Cuquerella, viajes privados (Safari por África incluído) o sesiones de peluquería. Los escoltas le entregaban el compendio de tickets grapado, algunos con las siglas "S.E." anotadas al margen ("Su Excelencia", aclara Tejeiro). Todo metido en un sobre y el "contable", con la firma correspondiente de Iñaki Urdangarin o Mario Sorribas, le entregaba el dinero a la secretaria personal del exduque de Palma, Julita Cuquerella. Los gastos se hacían con las dos únicas tarjetas VISA que registraba Aizoon: una para el uso de Iñaki Urdangarin y otra para el de la Infanta Cristina. 
Y entró Pau Molins en escena. Para despejar dudas, quiso que Tejeiro especificara cuántos gastos se cargaron a cuenta de la tarjeta de su defendida: "pocos", contestó el extrabajador de la sociedad. "Y recibió alguna vez alguna orden o gestión en Aizoon, algún requerimiento de pago o ingresos por parte de Dña. Cristina de Borbón?", inquirió Molins. "Nunca", finiquitó Tejeiro.
Y el último "capote" dejó en entredicho la declaración ante el juez del notario de Nóos. Como testigo, afirmó ante Castro durante la instrucción, que el tándem Torres-Urdangarin se sirvió de la Infanta Cristina como "escudo fiscal", como colchón de seguridad para que Hacienda no pudiera tocar sus actividades irregulares. Marco A. Tejeiro metió la muleta: "mintió" y explicó que fue por la enemistad que, ya entonces, había entre su hermano, Miguel Tejeiro, y dicho notario, Carlos Masía. Este declaró como testigo en 2013, y su declaración fue uno de los argumentos de peso para el juez Castro en su justificación para inculpar a la Infanta Cristina. Esta, por cierto, cuando declaró entonces y ante la pregunta del magistrado, ya declaró que ni le constaba "ni lo hubiese aceptado", y añadió, tajante, "casi me ofende, Señoría". 
Si la declaración del notario fue, efectivamente, inventada y provocada por esa enemistad con Miguel Tejeiro (al que, según su hermano, "amenazaron" para declarar a su favor en un juicio), disipa buena parte de dudas sobre la Infanta, además de complicar judicialmente a Masía, que habría incurrido, de ser así, en un delito de perjurio. 
El abogado de Diego Torres, arremete contra el "contable"
Marco A. Tejeiro era farmacéutico. No tenía más formación en contabilidad que un curso gratuito. "No tomaba decisiones", insistió. González Peeters, abogado de Diego Torres, intervino con su estilo habitual, intentando trastocar la tranquilidad imperturbable de Tejeiro. Sacó a relucir un currículo elaborado por el propio Tejeiro en el año 2008 en el que se definía, entre otras cosas, como director de Instituto Nóos. "Está inflado", reconoció Tejeiro quien, además, manifestó que fue Diego Torres quien se encargaba de adornar su tarjeta profesional con cargos en inglés con el fin de dar "una apariencia de la empresa más desarrollada".

El bloque valenciano
El interrogatorio de ayer se completó con el testimonio de Jorge Vela, exdirector general de la Ciudad de las Artes y las Ciencias (CACSA) de Valencia. Con un tono "hostil", reprendido hoy por el Tribunal, respondió a las preguntas de la fiscal Ana Lamas, sobre los contratos de Nóos con la administiración valenciana por los que se embolsaron hasta 3,6 millones de euros.
Para él la Fiscalía pide 8 años de prisión. No está arrepentido, al contrario, defiende que los contratos- "eventos de patrocinio" y, por tanto, exentos de concurso, según él-, se ajustaron a los intereses públicos de CACSA y que, en todo momento, contaron con el visto bueno y supervisión de los servicios jurídicos que, según Vela, "son de lo mejorcito".  Las tres ediciones de Valencia Summit-que contaron, por cierto, con un canon pagado a Nóos para que se encargaran de su organización-, han sido justificadas por Jorge Vela por su éxito para la promoción de la comunidad y de CACSA. Las condiciones, ha contado Vela, le venían dadas del primer convenio que no negoció él. Vela ha descargado toda la responsabilidad en sus superiores: Elisa Maldonado, exdirectora de Gestión de CACSA, y en Luis Lobón, exsecretario de Turismo de la Generalitat Valenciana. "Todo tenía el visto bueno de la superioridad", sentencia.

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